jueves, 22 de septiembre de 2011

22 de septiembre. EL DOMINICO Y LOS MARISTAS

Hoy he pasado el día entero y también lo haré mañana y pasado con un grupo de jóvenes de los maristas, son los catequistas y animadores de diferentes colegios del sur de España.

Los pobres míos tienen un meritazo increíble, a cualquiera que se le cuente que gente de veintipocos años de media se han encerrado conmigo a dar un curso intensivo de eclesiología… y son ¡¡¡casi diez horas diarias!!!

Es mucho tiempo y he acabado cansado, ellos también, no podían disimularlo, pero, a pesar del esfuerzo que nos supone a todos, he disfrutado mucho con ellos… el mismo cursillo en sí mismo está siendo ya toda una lección de Iglesia.

Yo iba un poco asustado, como siempre que uno se enfrenta a lo desconocido; ¿cómo serán? ¿nos entenderemos bien?, sin embargo, la experiencia de reunirme con jóvenes que no son de la Orden, que viven su fe desde otro carisma, para mí ha sido todo un regalo: me he encontrado con un grupo más que majo, de gente  brillante que me ha recibido de maravilla y con los que, en todo momento ha destacado todo lo que tenemos en común, no la diferencia.

Precisamente, una de las cosas que compartíamos en las sesiones era justamente eso, que nos hace falta a todos salir más de nuestros ámbitos cotidianos; atrevernos a conocer a los hermanos que siguen al mismo Señor por caminos diferentes al propio, conocer a la Iglesia de nuestro alrededor.

Yo soy el primero que comete el error de limitarme, demasiado a menudo, a los míos, a la comunidad parroquial o al ámbito dominicano, pero cuando Dios me brinda la oportunidad de abrirme, de caminar más allá de esas fronteras que me empeño en dibujar, es cuando, de verdad me doy cuenta de lo que somos, de la tremenda riqueza que poseemos entre todos, aunque cada cual se aferre a su cofrecillo.




Muchos caminos, cantidad de acentos evangélicos, innumerables campos de misión, muchos más hermanos de lo que uno es consciente habitualmente viviendo plenitud y regalando vida, todos en torno a un mismo Dios, llamados por el mismo Jesucristo, alentados  por un mismo Espíritu… esta es la Iglesia, por encima de toda la limitación que cargamos las personas, es el pueblo Santo que nuestro Dios nos ha regalado y al que tengo la inmensa fortuna de pertenecer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario