lunes, 31 de diciembre de 2012

31 de diciembre. AÑO BUENO


¡Fin de año! Seguramente hoy es el día en que, con más nitidez que nunca, tomamos conciencia del vértigo que nos produce la alta velocidad con la que pasa el tiempo… todos pasamos estas horas con preparativos para las celebraciones de familia y amigos y, mientras tanto, nuestro corazón repasa todo lo que nos trajo el año viejo y mira de reojo, entre la ilusión y el temor, lo que pueda estar por llegar…

Confieso que el 2012 no ha sido de los mejores años, demasiadas enfermedades y muy seguidas, problemas, agotamientos…. ¡Pero también ha sido el año en el que Dios me regalo a mi primer sobrino! Si hubiese que hacer balance, el pequeño Rafael pesa más que todas las dificultades juntas, pero no quiero caer en eso: me parece que pensar que me han pasado cosas buenas y malas es un error.

Creo que es más acertado pensar que los acontecimientos han ido llegando y, aunque a medida que aparecen, se nos van despertando los miedos, las dudas o la inseguridad… nada de eso nos ha podido derribar y todos podemos decir que alcanzamos esta fecha; que sobrevivimos; que aún nos quedan fuerzas y esperanza… que de un modo u otro, aquí o junto al Padre, llegamos  triunfantes al 2013.

¡Gracias por todo, viejo año! no te olvidaremos: nos has enseñado, acrisolado, hecho crecer, desinstalado, sorprendido, regalado…

¡Gracias Señor! Porque eres tú el que ha sostenido cada paso, el que agarraba nuestra mano, llenó de calidez nuestras soledades, el que nos hizo reír y sanó nuestras heridas… eres Tú y sólo Tú el que llena de vida cada suceso, cada palabra, cada alegría y dolor…

Desde esa satisfacción, la de saber que Dios vive en nosotros y nos hace grandes, hermosos e irreductibles; desde la ilusión de saber que con Él todo es nuevo y oportunidad humanizante, es desde donde yo os deseo que despidamos el año y recibamos al que viene.

A toda la humanidad ¡FELIZ AÑO NUEVO!

domingo, 30 de diciembre de 2012

30 de diciembre. FAMILIA DE DIOS


 
 

Hoy es el día de la Sagrada Familia, esa familia extraña y atípica de Nazaret… e inevitablemente, yo hoy pienso en los míos. ¿Qué es lo que nos hace ser una familia? Me niego a aceptar que es sólo una definición o la adaptación a unos cánones tradicionales… no somos familia por cuantos ni como somos; conozco a otros grupos humanos que también se adaptan a esos esquemas pero que jamás me atrevería a llamar familia: parejas, hermanos y demás donde hay abandonos, maltrato u odio.

En mi casa somos una familia por mucho más: porque nos reímos juntos, porque nos encanta reunirnos con frecuencia para compartir; porque afrontamos juntos los problemas; porque discutimos y nos perdonamos; porque nos tenemos incondicionalmente unos a otros… porque nos queremos…. Sin duda, eso es lo que verdaderamente constituye una familia: el amor.

Si además reconocemos que ese amor viene de Dios y a Él vuelve; si no nos lo quedamos para nosotros solos; si abrimos las puertas del corazón al débil, al herido, al extranjero; si sabemos hacer infinitos los limites familiares para hacer de todos un hermano… cuando juntos escuchamos la Palabra de Dios y la hacemos vida, o al menos lo intentamos incansablemente, entonces es cuando, además, podemos ponernos ponerle a la familia el apellido de cristiana.

29 de diciembre. 20 AÑOS DESPUÉS


Esta noche nos vamos a reunir los viejos amigos de la infancia para cenar… con muchos de ellos mantengo un contacto frecuente pero a otros hace años que no los veo y estoy muy ilusionado.

Llevo toda la tarde recordando aquellos tiempos, a los chavalines que fuimos: las anécdotas, los problemas que teníamos, las costumbres que disfrutábamos, los sueños que para el futuro cada uno albergaba en el corazón… aquella etapa en la que fantaseábamos con volver a reunirnos cuando fuésemos mayores y estuviésemos casados y con muchos críos.

Y ese futuro ya ha llegado, ya está aquí, ahora es el presente… y me imagino que para ninguno de nosotros ha resultado ser como esperábamos; para algunos habrá resultado decepcionante y para otros mucho mejor de lo esperado…es lo que pasa con los sueños ¡que no los podemos controlar!

En esta vida me he encontrado con muchas personas totalmente derrotadas, incapaces de levantarse del rincón donde  acarician los pedazos de unas esperanzas que se hicieron añicos; otras gentes han recibido cosas buenas de la existencia pero no las saben valorar porque estas no coinciden con lo que querían; también he conocido a algunos que lo ambicionan todo y nunca podrán estar contentos porque, por mucho que tengan, siempre habrá algo que les falte… pero lo verdaderamente grande es cuando te topas con quien sabe disfrutar de lo que posee, aunque sea poco; con los que saben adaptar sus ilusiones al devenir de las cosas; con los que se han levantado mil veces del polvo; con los que, a pesar de todo, no se rinden, no se cansan de soñar y de esperar.

¿Y yo? ¿Qué ha sido de los proyectos que fabricaba con 16 años? pues muchos se esfumaron casi sin darme cuenta; otros se partieron en mil pedazos de dolor; pero la mayoría de ellos me los pidió Dios, me los tuve que arrancar para ofrecérselos a Él y ponerlos en sus manos… y mi Padre después me los devolvió mejorados, más reales y completos de lo que yo había sido capaz de pensar… con todo ello creo que he aprendido a soñar y esperar en nuestro Dios; en ese Amor en el que tanto nos cuesta confiar pero que, a pesar de todo, SIEMPRE cumple su palabra.
 

sábado, 29 de diciembre de 2012

28 de diciembre. INOCENTES


Anoche llegaba al convento uno de mis hermanos más jóvenes que está estudiando en Roma y, de camino a la casa de su familia, ha hecho un alto para pasar unas horas con nosotros. Como coincidía con el día de los inocentes en la comunidad le habíamos preparado una bromilla.

Otros años no me acuerdo de esa simpática tradición, pero esta vez sí lo he tenido presente: nos hemos gastado bromas unos a otros; he estado en guardia, atento para que no me la dieran a mí y  he leído, con una sonrisa en los labios, las historias inverosímiles que los amigos contaban en las redes sociales.

Por otro lado, tampoco se me ha ido de la cabeza que hoy hace un año que Paco se nos fue a la casa del Padre.

Así es la vida, una mezcla extraña de experiencias, de sentimientos encontrados; imagino que, en estas fiestas tenemos eso más presente: nos reunimos y disfrutamos pero nos resulta inevitable el acordarnos especialmente de aquellos que ya no están o de las sombras que nos amenazan. Sé que no es esa la principal razón, pero puede que esa sea también una la causa de que, en medio de unas celebraciones tan entrañables, nos encontremos con el relato de una tragedia como la de los santos inocentes… es posible, incluso, que por eso la tradición haya mezclado, en una sola cosa, el humor, el absurdo y la risa con  algo tan tremendo como una matanza de inocentes…
 
 

Estaba yo con estos pensamientos y me ha llegado la puntilla cuando, sin esperarlo, se ha terciado una velada de cine con mi ahijado y he visto “Los Miserables”. Emocionado he vuelto a presenciar esa bella y profunda historia que  te presenta la realidad de tantos “santos inocentes”, victimas de la historia, de la injusticia y el egoísmo. En medio de todos ellos, cada personaje representa una forma de responder ante la tragedia humana: están los que, como payasos se arrastran en pos del dinero; quienes valientemente dan la vida por un ideal; el fariseo atrapado por la ley, el deber y lo correcto… y está también Jean Valjean.

Él, dice al comienzo de la narración, hace suyas las palabras que un sacerdote le ofrece,  que su vida es de Dios y desde esa perspectiva es como afronta el sinsentido; el mismo vacío del que había sido rescatado por  Dios y tras el cual  se abría una oportunidad nueva y llena de plenitud… la existencia del que puede ser misericordioso porque se sabe beneficiario de la Misericordia; la del que va más allá de lo conveniente, los ideales políticos, los bienes materiales o la ley para vivir desde y por lo “humano”… la del que responde a lo absurdo con un sentido de vida.

Nuestra Navidad no es un ensueño pasajero de lucecitas y espumillón; no es un paréntesis agradable pero fugaz… es la propia realidad del mundo y de las gentes que lo habitan; es un niño que nace miserable entre lo miserables; es un Dios que viene a salvarnos de la banalidad y la sinrazón.

Porque, digan lo que digan, en esta vida hay cosas que no se pueden explicar, que no tienen sentido ni desde lo mundano ni desde lo divino… que sólo podemos asumir apostando por nuestra propia humanidad, por nuestra auténtica verdad; como lo hace Dios en una cuadra de Belén.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

26 de diciembre. CALLAR Y CONTEMPLAR


“Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”

La Palabra de amor que resuena en nuestros oídos, la que viene a decirnos que no hay nada que temer; que podemos mirar al futuro sin ningún temor… la Palabra que rasga la más profunda de las soledades; la que nos revela dónde está la llave que abre nuestras cadenas, el camino por el que salir de cualquier laberinto.

El susurro constante que afianza cada paso, que nos alienta a levantarnos de las caídas más atroces y no deja de invitarnos  a saltar confiados  y bailar  todos los minutos.

La palabra que nos nombra y nos dice quienes somos; la que define a la creación entera y la hace existir; la que nos muestra el idioma del hermano y nos explica los misterios del universo.

Habitó entre nosotros la letra de las canciones más bellas, el contenido de cada poema; el canto de mi propia hermosura y de la tuya.

La palabra que es llanto, nuevo comienzo, deseo, grito de júbilo, ilusión, oportunidad, pregunta sin respuesta, solución y sorpresa infinita…

Ya está aquí y ha venido para todos; sin importar la historia que llevamos a nuestras espaldas, los errores cometidos o la condición de cada cual; para todos sin distinción…

La Navidad es tiempo de escuchar esa Palabra… escapemos un poco del jaleo de las calles y los comercios que nos ensordecen; miremos al cielo que está más allá de las luces de colores…. Sigamos esa estrella que nos lleva al silencio de la noche para poder oír con nitidez; para contemplar el misterio de un Dios humano que naciendo entre  los hombres y mujeres nos diviniza a todos…

25 de diciembre. BEBÉ DIOS


Este año, en mi familia disfrutamos de nuestro primer sobrino que ya ha cumplido cinco meses, y la presencia de este niño me ha regalado una perspectiva completamente nueva de la navidad. Seguramente casi todo el mundo tiene la experiencia de tener un bebé en la familia, un hijo, sobrino, hermanillo…por eso sé que comprenderéis lo que escribo:
 


Cuando tienes a un recién nacido dormidito en tus brazos, entiendes  por qué en  noche buena cantamos eso de “noche de paz”: no creo que nada ni nadie de esta tierra pueda serenarte como lo hacen los sueños de un crío; no hay paz como la que nace en Belén.

Si se agarra con fuerza a tu dedo y deposita en ti su seguridad, intuyes la grandeza de un misterio por el que un Dios enamorado se despoja de todo para ponerse en nuestras manos.

En el momento en que su mirada se cruza con la tuya y esa criaturilla te comunica toda su vulnerabilidad y confianza; sabes que harás todo lo posible, o más aún, para protegerlo y cuidarlo ¡te sientes fuerte!… entonces vislumbras el poder oculto en la debilidad de un pesebre.

Cada vez que con sus monerías te llena de alegría, te hace ver el mundo en toda su hermosura, te lleva a vivir con otro color… al descubrir la forma en que un niño te transforma, puedes concebir los caminos, por los que actúa y renueva la creación, ese  Reino de Justicia y fraternidad que nos trae el pequeño Hijo del Hombre.

Al sobrecogerte ante la primera sonrisa, los comienzos de un balbuceo, las sorpresas cotidianas que te regala en su continuo desarrollo… sabes que todo lo podemos alcanzar…  que no hay nada imposible.

lunes, 24 de diciembre de 2012

24 de diciembre. NAVIDAD


Es un auténtico lujo poder vivir  esta fiesta con espacio también para el silencio y la oración. En Cada año, en medio de la noche  buena,  justo antes de bajar a la misa del gallo, hago un alto en las celebraciones de la comunidad… tiempo de saborear por dentro el gran misterio que estamos festejando y de agradecer todo lo que eso supone en mi vida concreta y en el mundo que me rodea…
https://www.youtube.com/watch?v=D5ONtCZUhZ0
Desde este rincón comparto con todos vosotros ese momento, la canción tradicional que me acompaña y esa felicidad humana, profunda, serena, solidaria y libre del Dios que va a nacer.

A todos vosotros, a la Tierra entera, ¡FELIZ NAVIDAD!

23 de diciembre. LA BUENA NUEVA III



... Y la parte final:

 
 
 
 
 









viernes, 21 de diciembre de 2012

21 de diciembre. LA BUENA NUEVA II

Esta es la segunda parte del documento que empezaba a compartir ayer...
 

20 de diciembre. LA BUENA NUEVA I


Esta tarde explicábamos a los niños de catequesis la navidad, lo que verdaderamente era… después en la eucaristía, el Evangelio nos regalaba el episodio de la anunciación.
 


El Ángel del Señor anuncia la buena noticia, ¿cómo podemos proclamarla los cristianos en la actualidad, en estos tiempos de crisis, de injusticias, de necesidad?

La familia dominicana de España se ha estado planteando esta cuestión en las últimas semanas y, con las aportaciones de todas las ramas (frailes, monjas, religiosas de vida apostólica, laicos y jóvenes del movimiento juvenil dominicano) ha elaborado un texto con algunas respuestas.

Es  predicación común de los dominicos y dominicas hoy. Nos piden que la demos a conocer  y yo, quiero desde aquí compartir esa reflexión con todos los amigos del blog… ahí va la primera parte, seguro que os resulta muy inspiradora:

 

jueves, 20 de diciembre de 2012

19 de diciembre. LA CREACIÓN AL OíDO


Me sé muy cuidado por Dios y en general lo siento así; pero hay días en que uno se da cuenta de ello con una intensidad especial. La de hoy ha sido una de esas jornadas en las que en todo descubres con fuerza la presencia del señor. Cuando me ocurre esto, no puedo evitar el recuerdo de los tiempos en los que discernía mi vocación… aquellos meses son para mi el referente en este tema. No se me olvidará jamás la forma en que Él se volcó conmigo, esa sensación de estar permanentemente mimado, guiado y animado por Dios. Como dice P. Coelho en su obra “el alquimista” descubrí que es eso de que el universo entero conspire para que alcances tu proyecto personal… saber  qué quería Dios que hiciese con mi vida.

Luego, las crisis, las rutinas, la propia debilidad… hacen que esa experiencia se difumine, o mejor dicho, se transforme; puede que hasta acabes acostumbrándote a su belleza hasta que –poco a poco- vas dejando de apreciarla.

Sin embargo, siempre que me paro a pensar, añoro la forma en la que latía mi pecho entonces; la luz que llegaba hasta mis ojos; la fuerza con la que avanzaban mis pies…

¡Cuanto nos perdemos al no dejarnos cuidar por Dios! Y lo hacemos con demasiada frecuencia: cuando nos obstinamos en cerrarle  la puerta y darle la espalda pensando que podemos valernos solos; al cerrar los oídos a su voz o no querer seguir las señales que nos pone en el camino… otras veces estamos tan distraídos que no nos damos cuenta de que  estamos recibiendo una caricia o siendo colmados de besos, que se está poniendo el mundo a nuestros pies…
 


En estos últimos días de adviento, cuando el nacimiento del niño Dios está muy próximo, imagino a María: preparándose para cuidar, con el infinito cariño de una madre, al bebé que iba a alumbrar; ansiando tenerlo en sus brazos al fin; deseando el momento de jugar con sus manitas, besar sus piececillos,  achucharlo contra su mejilla… e imagino también así a Dios con ella y con cada uno de nosotros, sediento de nuestro cariño; envolviéndonos con sus brazos, abrazándonos en cada latido de nuestro corazón, cantándonos una nana al oído del alma, desbordando este mundo de todos con regalos exclusivos para cada uno… aguardando con ilusión cada instante en el que –aunque sea por casualidad- nosotros le miramos y le ofrecemos una sonrisa.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

18 de diciembre. NAVIDAD PERDIDA


Aunque hoy el día ha venido cargado de buenas y muchas experiencias, hay algo que, desde la mañana llegó a lo más íntimo del alma. Ha sido este vídeo del que adjunto el enlace; lo han hecho unos hermanos míos del Movimiento Juvenil Dominicano sobre el albergue “San Martín de Porres” que los frailes dominicos tenemos en Madrid.


 

Aparte de lo bien hecho que está el trabajo, nos presenta una realidad que a mi me ha parecido pura y verdadera Navidad.

La exclusión, la marginalidad, lo olvidado es un aspecto que, se nos suele olvidar, pero que resulta fundamental en el acontecimiento del niño que nadie quiere acoger; que nace en una cuadra y es adorado por los “impuros” de su tiempo… al ver esas imágenes y oír los testimonios de esas personas no he podido dejar de pensar y pensar que eso es “buena noticia” de verdad; me he llenado de esperanza, de ilusión, de orgullo por mis hermanos y la humanidad….

Ahora, en esta noche, me sigo preguntando cómo puedo hacer para que mi navidad sea también la de esos “últimos” que son “primeros”… aún no sé como, soy consciente de que es difícil porque resulta bastante incompatible con el montaje con que tradicionalmente nos organizamos en estas fiestas; pero todos deberíamos ser capaces de estar del lado de esas gentes, si dentro de unos días, queremos vivir auténticamente el anuncio de que Dios ha nacido entre nosotros… si de verdad deseamos encontrarlo y postrarnos ante Él.

martes, 18 de diciembre de 2012

17 de diciembre. AGUARDA


Hoy, alguien muy joven me expresaba su necesidad de tener ya todas las respuestas; de  saber lo que le deparará el futuro… esa inquietud es propia de los primeros años, cierto… pero de alguna manera nos sigue afectando a todos por mucho que pase el tiempo y más aún en esta sociedad nuestra de la inmediatez… parece que la paciencia no está de moda.

Después en una oración nocturna con un grupo de la parroquia se me ocurría que esa es también una parte fundamental del adviento, de la espera. Podríamos hacer como los grandes almacenes, donde no existe el adviento, ya es navidad desde mediados de noviembre, pero no… tenemos cuatro semanas previas, de preparación y paciencia.

La paciencia nos enseña a perseverar, a descubrir lo que de verdad nos importa, aquello por lo que sí queremos luchar; que todo tiene su tiempo; que cada cosa tiene su cadencia y ha de madurar para ser mejor;  que cuando tenemos la oportunidad de prepararnos todo se saborea mejor…nos refina y habilita. Quien no se cansa de aguardar; el que no tira la toalla, muestra confianza en lo que ha de llegar…

Nuestros ritmos suelen ser demasiado rápido, lo queremos todo ya y ahora sin darnos cuenta de que quizás así nos perdemos una parte importante de lo deseado: su proceso.


El adviento es también una oportunidad para sosegarnos y fiarnos de ese Dios que viene y que es, además, Señor del tiempo.
 
 

lunes, 17 de diciembre de 2012

16 de diciembre. GAUDETE


Después del triduo de miércoles, jueves y viernes, he tenido la oportunidad de compartir un retiro y religiosas, una cena de la parroquia, la profesión de unos laicos dominicos y una fiestecita prenavideña con los jóvenes. Todo ha salido muy bien y ahora, por fin, se termina esta semana de tanto trabajo. Parecía que no iba poder alcanzar el final, pero todo llega y ahora me siento satisfecho y alegre. Precisamente hoy que es el día de la alegría, tercer domingo de adviento, domingo de “gaudete”.

Las lecturas de este domingo nos invitaban a estar alegres, una propuesta que alguien podría llegar a considerar ofensiva: ¿cómo estar alegres en medio de tanta dificultad, cuando las cosas van tan mal y tal cantidad de seres humanos sufre? ¿qué relación existe entre la alegría y tantas tragedias cotidianas que se nos presentan? ¿es posible estar alegre hoy?

Me imagino que habría que empezar aclarando de qué alegría nos habla la Palabra.

No puede ser una alegría fugaz, la que nos llega cuando las cosas nos salen bien o corresponden a nuestras expectativas y deseos; esa se nos va en cuanto llegan los problemas y las dificultades … No puede ser de Dios si se acaba…. La relación entre alegría y dolor no puede ser de incompatibilidad.

Tampoco puede consistir en encerrarnos en una burbuja de bienestar y anestesiarnos frente a la amargura y el desconsuelo  de nuestro mundo y de los Hermanos; ¿una alegría de mentira que le da la espalda a la realidad? No, tampoco puede ser de Dios: es imposible que la  relación sea de indiferencia.

La verdadera alegría cristiana, no sólo no es incompatible con el sufrimiento, sino que está muy cerca de él. Casi me atrevería a decir que brota precisamente de esas situaciones de dolor. Será por eso que las personas más alegres que he conocido en esta vida; los que transmiten y contagian más entusiasmo; más verdad de vivir,  son precisamente aquellos que se han atrevido a comprometerse con los que más sufren; con los excluidos; los “don nadie”…Solo el que lo pasa mal, quien hace suya la compasión y la misericordia, puede sentir la alegría de saber que lo que nos hiere, lo que ahoga al mundo, va a terminar, es un gozo que únicamente se puede vivir desde la necesidad de ser salvado y liberado; la de saber que Él está con nosotros; que no se va; que su amor nos dignifica, nos hace indestructibles y colma de sentido hasta lo más inexplicable y absurdo….

Así sí se puede SER alegre: en el Señor… yo lo he visto, lo veo, lo sé…

viernes, 14 de diciembre de 2012

13 de diciembre. NO NOS CONVENCERÁN


        Hoy (que parece que no se ha acabado el mundo) me ha tocado a mi predicar en el triduo de preparación a la navidad que estamos celebrando en la parroquia.

En este segundo día nos hemos centrado en nuestra forma de mirar al mundo como creyentes y cómo aprender a  hacerlo especialmente ahora, en Adviento.

Los cristianos no podemos dejarnos embaucar por los agoreros y profetas de calamidades que no dejan de querer meternos miedo en el cuerpo.

El miedo es el principal enemigo de la fe, nos lleva  al egoísmo y la desconfianza; ahoga la esperanza y  el amor y nos quita la libertad. Es muy fácil manipular y utilizar a la gente cuando está asustada…

Por eso a los poderosos de la sociedad les interesa atemorizarnos; es la razón por la que en el mundo nunca parecen faltar amenazas… por eso también la Palabra de Dios nos repite eso de “no tengáis miedo”.
 
 
 

El mundo es como es, pero todo depende de cómo queramos verlo nosotros. Es fácil centrarnos en las dificultades, los problemas, la enfermedad, el desamparo… permitir que esos aspectos inevitables de la vida ocupen toda nuestra atención mientras que lo bueno, las bendiciones, la riqueza que Dios siembra constantemente en la Tierra nos pasan desapercibidas por cotidianas…. Son “la normalidad”.

Al comenzar nuestro espacio de oración he querido que todos nos hiciéramos conscientes de todo lo bueno que somos y tenemos; nosotros y nuestro mundo…nuestro hermoso mundo y nuestra sociedad.

Desde aquí, también os invito a hacer lo mismo; os invito a hacer silencio y repasar ante Dios nuestro mundo, nuestro entorno, nuestra vida y a encontrar su presencia; los gestos de amor que incansablemente se derraman sobre nosotros:

Las cosas buenas que tenemos; Las personas a las que amamos y que nos aman; Las capacidades, las virtudes… propias o de la humanidad entera; Las buenas noticias que, aunque ocurren constantemente y por todas partes,  no salen en los telediarios; Las gentes que se dejan la vida atendiendo a un enfermo o cuidando a los que sufren… Los millones de sacrificios de amor que anónimamente tiene lugar por todas partes: los padres y madres, los hermanos, las parejas, los amigos, las asociaciones…

¡Qué lo disfrutemos!

miércoles, 12 de diciembre de 2012

12 de diciembre. APÁRTATE


En medio de esta semana loca, en la que tengo mucho más trabajo que de costumbre, hemos comenzado en la parroquia el triduo de preparación a la navidad… rezábamos y compartíamos sobre la belleza y bondad de todo lo creado y ha sido un muy necesario rato de reposo y serenidad. Mientras rezaba me daba cuenta de la mucha falta que me hacía detenerme un poco.

Es inevitable, los trabajos, los compromisos de cada día, las necesidades que no dejan de llamar a la puerta… la vida te va envolviendo, y eso está genial, para vivir así vine a la Orden, para tratar de darlo todo; pero, de vez en cuando, si uno quiere seguir “dándose” tiene que parar.

Este año, después de lo que le he predicado  a los chavales de un colegio, las palabras e ideas pronunciadas volvían a mi mente y a mi corazón. Mientras conducía por el camino de vuelta, he decidido poner los medios necesarios para poder hacerlo esta navidad; pretendo apartarlo absolutamente todo, para intentar vivir esos días disfrutando especialmente de la Navidad, de la intimidad con mi Dios.

Probablemente, quienes me conozcan estarán pensando “¡ja!, este no es capaz de hacerlo”. Es verdad que me cuesta aparcar temporalmente la urgencia de la predicación, pero poco a poco, estoy aprendiendo a respetar eso del cansancio y la preocupación;  tomando verdadera conciencia de que la pausa; el mantenerme callado un tiempo; el salir al desierto, es también parte de mi vocación; de cualquier vocación.

Sé que no es fácil para nadie encontrar el tiempo y la posibilidad para hacerlo; pero, en la medida de lo posible, todos  deberíamos propiciar la oportunidad de retirarnos; especialmente ahora. ESO ES TAMBIÉN EL ADVIENTO.

martes, 11 de diciembre de 2012

11 de diciembre. CONSUELO


En el día de hoy, han coincidido varias personas que me han compartido sus penas; que me han hablado de las tremendas situaciones a las que deben enfrentarse… así que esta es una de esas noches en las que llego al cuarto sobrecogido ante lo mucho que sufre la gente; admirado frente a su capacidad de resistir y seguir adelante…

Me afecta, no puedo decir lo contrario; me afecta, y mucho, cada lágrima que alguien derrama conmigo; la impotencia y la pobreza que suelo sentir en esas circunstancias.

Hoy, desde la primera lectura, el profeta Isaías nos decía en nombre de Dios: “Consolad, consolad a mi pueblo”.

Hace poco, una hermana con la que compartía estos sentimientos, me recordaba algo que ya sé pero que no consigo realizar: que parte de nuestra vida es asumir que todas las soluciones no están en nuestras manos… que, con frecuencia, en lugar de satisfacer nuestro deseo de resolverlo todo, todo lo que podemos hacer es conformarnos con estar; tratar de ser consuelo con nuestra presencia… pero eso sí que es irrenunciable; algo que, de ninguna forma, podemos dejar de hacer los unos con los otros cuando el dolor y la oscuridad nos visitan: estar.

Estar y confiar en Dios, dejar que sea Él quien salga a buscar al que no pueda más… al que se pierda en lo oscuro; al quien quede atrapado por el peso de la desesperación… siempre lo hace; ya viene….

10 de diciembre. CON TU ARTE


Llevo todo el santo día liado con trabajos manuales; esta semana celebramos en la parroquia el triduo de preparación a la navidad y, como suele pasar, me ha tocado a mi preparar el símbolo que nos acompañará a partir de esos días… así que he apartado los libros y me he rodeado de cola, papeles y plásticos para intentar conseguir que salga algo bonito.

Estoy cansado, aún me queda mucho por hacer, y para colmo, esta semana se me presenta mucho más cargada de trabajo que de costumbre, pero la cosa ya va tomando forma y, reconozco que me ilusiona… supongo que es lo que ofrece cualquier actividad que tenga algo de creatividad: de entrada un desafío; un problema del que intuyes el resultado pero que, al principio, no sabes como resolver; la magia de ir viendo como –a medida que vas dando de ti- el camino se abre frente a ti; el asombro de descubrir que, lo que estás haciendo, no depende únicamente de uno mismo, sino que también tiene un desarrollo propio que tú no controlas…
 


En realidad,  todos somos artistas; cada mañana se nos ofrecen los materiales con los que cada cual podrá trabajar para ser autores de la propia jornada; del mundo y la sociedad….del rostro de Jesús hoy.

No hay porque frustrarse cuando los acontecimientos no respondan a nuestras expectativas; eso, precisamente, es parte del propio proceso de creación… la vida que tenemos entre manos;  nuestra obra; el Reino de Dios tiene su propia autonomía y acaba por superarnos…

Todos somos creadores, sí, de una obra de arte que es mucho más grande que nosotros; ¡ejecutémosla con genialidad!

lunes, 10 de diciembre de 2012

9 de diciembre. DECORARSE


Ya estoy de vuelta en casa. Al llegar me he sorprendido porque, antes de marchar, decoré mi habitación con los adornos de navidad y ¡se me había olvidado! (soy tan despistado…); ha sido una grata sorpresa encontrármelo todo tan bonito.

También quiero hacer lo mismo en este rincón de internet, así que aquí está mi árbol; el que quisiera dibujar en mi vida; el que deseo que embellezca a todos los que compartimos este blog.

Es un árbol compuesto por manos abiertas, las del servicio y la entrega; las que –rebosantes de compasión- se tienden ante  cualquier ser humano que esté sufriendo; son la vida que se quiere dar y repartir;  las manos que nos hacen presentes a todos los que no agradan, a los que no cuentan, los olvidados por todos; el verde de nuestra esperanza y de la suya…

Las bolas de navidad que lo recorren son corazones; muchos distintos, de diversos colores; pero unidos en la fraternidad. Representan a la comunidad, el único espacio desde el que podemos esperar y salir al encuentro del Señor.

No faltan las estrellas: los signos de los tiempos; las señales que Dios nos envía para guiarnos y llenarnos de ilusión; esas que únicamente podremos advertir desde la atención y la vigilia, si no nos dejamos adormecer por las drogas del miedo, el egoísmo, el rencor, el orgullo…

Queda un último elemento, las velas que representan la vida de oración, la intimidad con Dios; la paz, la confianza, el compromiso y el sentido de todo.

Para terminar la base en la que este árbol hunde sus raíces: la palabra de Dios; estudiada, saboreada y vivida.

Este es nuestro árbol, uno que no sirve sólo para embellecer lo exterior; también nos engalana por dentro y nos recuerda nuestro empeño de preparar el camino al Señor.

domingo, 9 de diciembre de 2012

8 de diciembre. INMACULADA Y LIBRE

Estoy pasando un par de días en un bello pueblo de la provincia de Jaén; un lugar en el que, además, siendo un jovencillo, pude disfrutar de muchas y muy bellas experiencias. Aquí he vivido muchas pascuas y, en esas situaciones y otras parecidas, Dios me fue enamorando y conquistando poco a poco, hasta que finalmente me abandoné a su plan; me fié lo bastante como para abandonar lo que yo quería de esta vida y empezar a querer lo que quería Él para mí.
En esta fiesta de María Inmaculada, el Evangelio nos presentaba el episodio de la anunciación: el momento en que María, esa joven valiente y ya totalmente rendida de amor, dice que sí a su Dios y, de esta manera, permite que tenga lugar la encarnación del Señor y que la libertad, la salvación y el triunfo llegara a todos nosotros… y esta noche, desde la magia algo nostálgica de todo lo pasado entre los muros de este convento, me gusta fantasear acerca de cuáles serían las vivencias de la joven María, de qué manera se fue dejando robar el corazón hasta que llegó el día en que dijo “hágase en mí según tú palabra”.
¿Sería en su ambiente familiar? ¿Con sus amigas?... no lo sé, pero pienso que tuvo que ser lo descubierto, lo saboreado y disfrutado… lo conocido lo que posibilitó que ella se abandonara a lo desconocido. Es así como la vida se vuelve a recrear; cuando no nos damos por satisfechos y dejamos que Dios siga haciendo de nosotros algo totalmente nuevo; que cada minuto una aventura… una aventura de amor.
Un abandono que no es una temeridad ni una irresponsabilidad, porque sabemos quién nos sostiene… María fue concebida sin pecado, pero eso no significa que estuviese predestinada o que no fuese una mujer libre, todo lo contrario. Optar –y hacerlo por Él- es libertad; romper lo que nos ata y no nos deja crecer…



Hoy, tras el paso de los años, vuelvo a paladear desde aquí aquel tiempo del primer amor. Ahora muchas cosas han cambiado, dentro y fuera de mí, pero no la confianza de aquellos días; el “sí” constante que quiero darle a Dios cada mañana.
Dios, a cada uno de nosotros, nos sigue preguntando; solicitando como a María ¿qué me pide hoy? Ante eso yo ¿me atrevo a ser libre? ¿quiero serlo?.

sábado, 8 de diciembre de 2012

7 de diciembre. SIN PARAGUAS


Imagino que a todos nos ha ocurrido alguna vez: vas por la calle, con la cabeza puesta en lo que sea que nos ocupe, y de repente te impacta algo; una imagen, un olor, un sabor, un sonido; y –sin saber muy bien por qué- te estremeces por dentro; se despierta en tu intimidad algo que estaba dormido.

Esta tarde me sucedía algo así, de pronto, he retenido la estampa que me rodeaba: la calle semi-desierta, los charcos entre  adoquines  brillaban bajo las luces navideñas y, a lo lejos, se distinguían los faros de un coche. No tengo ni idea del por qué, es parte del insondable misterio de la mente y el corazón humanos, pero ese cuadro que armonizaba la soledad y la calidez me ha reconfortado por dentro; me ha dibujado en la cara una sonrisa serena y me ha hecho sentirme muy bien, profundamente a gusto …

Estas cosas seguramente responden a que nos conectan con recuerdos que creemos olvidados, a viejas experiencias y sentimientos que nunca se fueron, no lo sé porque no soy psicólogo, lo cierto es que uno se descubre como si te abrazaran el corazón. No puedo, por tanto, dejar de pensar que es el mismo Dios el que también está detrás de todo eso; que se vale de cualquier cosa para hacernos llegar ese bienestar, su cariño, para besarnos el alma…

Una lluvia de caricias que, incesantemente, se derrama sobre este mundo nuestro. La pena es que únicamente nos enteramos cuando esa bendición, por alguna razón, nos pilla sin los paraguas que nos empeñamos en cargar.

viernes, 7 de diciembre de 2012

6 de diciembre. CON VIVENCIAS


Me encantan las festividades civiles, como la de hoy; son los días en los que el volumen de trabajo desciende y de verdad tengo “fiesta”.

Así que la jornada de hoy ha sido tranquilita, he podido dedicarme a la tesis y, sobre todo, he disfrutado de una salida comunitaria con mis hermanos, los frailes. Supongo que, para quienes nos vean por ahí debemos ser un grupo extraño, jeje… pero a mí me encantan estas escapadillas que nos regalamos de vez en cuando: es como si, por unas horas, dejásemos aparcados los trabajos y las preocupaciones para dedicarnos únicamente a disfrutar de la fraternidad; cuatro personas  compartiendo lo que son, unos con otros.

Si, cuando me estaba formando en la orden me hubiesen dicho que yo iba a estar tan a gusto en esta casa no me lo hubiese creído…en mi romanticismo e inexperiencia de entonces fantaseaba erróneamente con comunidades ideales, compuestas por frailes jóvenes y con planteamientos parecidos a los míos y no me parecía nada apetecible integrarme en una comunidad  con tantas diferencias de edad, personalidad y planteamientos.

Y, sin embargo, aquí estoy y más feliz que una perdiz. Esta claro que la cosa funciona porque, a pesar de todas las diferencias que hay entre nosotros, sí que tenemos en común lo más importante,  lo sabemos y Él es quien nos mantiene unidos.
 
 
 

Precisamente hoy, que en este país hemos celebrado el día de la constitución, estoy pensando que las comunidades cristianas tenemos mucho que ofrecer a la sociedad en la que vivimos. Evidentemente, no podemos imponer a Jesucristo a nadie (¡ni deberíamos quererlo!) pero sí podemos presentar un modelo válido de comunidad. De mostrar con la propia vida que es posible alcanzar la unidad en la diversidad; que se puede realizar si, en lugar de que cada cual se las avíe, no perdemos de vista un destino común.

Aunque no podamos dejar de denunciar las injusticias y violencias, no encentro que sea nada evangélico el recelar de la sociedad o la cultura y mucho menos el posicionarse en contra. Si esperamos con las puertas abiertas al hijo del hombre, no tiene ningún sentido echarle el cerrojo a la humanidad. Creyentes o no creyentes; gentes de cualquier orientación o ideología, tenemos también en común los mismos fundamentos y deseos: la felicidad, el respeto, la dignidad humana, la justicia… puede que pretendamos alcanzarlas por caminos diversos, pero en realidad todos queremos lo mismo.

Adviento es también preparar el camino al ser humano; ahora que todo el mundo protesta y se indigna puede ser la ocasión de presentar alternativas y respuestas; el momento de apartar el individualismo y los intereses egoístas para priorizar ese deseo compartido por todos… la hora de alumbrar una forma diferente de convivir.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

5 de diciembre. BUSCÁNDOTE


Estamos acostumbrados a plantearnos el adviento como un tiempo de conversión; la oportunidad de cambiar, el momento en el que tengo que hacer las cosas mejor o debo abandonar los malos hábitos…

No digo que no, desde luego, pero esta tarde, en la reunión comunitaria, uno de mis hermanos nos ha regalado una perspectiva que me ha encantado y quiero compartir aquí:

“Es el tiempo de buscar nuestra alegría”

Desde que lo he oído, no se me va de la cabeza; sigo acariciando esa idea con el pensamiento.

Me pregunto si, antes de ponernos a buscar, sabemos de verdad por dónde hacerlo e, incluso, si conocemos  qué es lo que nos da alegría de la buena…. Me refiero a esa  que no se dibuja solo con la cara sino que se nos agarra al corazón y se nos sale por los ojos; a esa que no se marcha cuando llega la oscuridad sino que, por el contrario, es la que en esos momentos nos serena el alma y nos da la fuerza para seguir adelante…

¿Por dónde está mi alegría hoy? Qué personas, lugares o acciones me hacen estar alegre?

Esa reflexión me parece imprescindible; primero para saborear todas esas bendiciones y también porque, el que es nuestra alegría viene a nuestro mundo y,  si queremos salir al encuentro del Señor, por ahí – en esas gentes, espacios y gestos- debe estar el camino…
 


Saber de esa alegría que ya tenemos, nos puede dar idea de lo que está por llegar; de lo mucho que Dios nos tiene reservado; de lo que aún podemos disfrutar y vivir.

Si pensamos en todo esto ¿quién puede quedarse de brazos cruzados? ¿a quién le pueden faltar las ganas o las fuerzas de adentrarse deseosos en el adviento?

4 de diciembre. RA-DIOS TERAPIA


Desde hace varias semanas mi padre está recibiendo a diario un tratamiento de radioterapia. Aunque es mi hermano el que se está encargando de llevarlo, yo, siempre que el trabajo y los compromisos me lo permiten, intento acompañarlos al hospital.

Desde el primer día hubo algo en aquel lugar que me llamó mucho la atención. Donde yo pensaba que sólo iba encontrar angustia y sufrimiento, resulta que reina un ambiente muy agradable; se respira alegría y esperanza.

Y es que las personas encargadas de esa sección del hospital tratan a todos los que vamos por allí con una delicadeza y una familiaridad que te ilumina el alma, consiguiendo que lo que en principio parecía un tratamiento duro y pesado, se convierta en algo grato y natural… Cada tarde, cuando terminamos, salimos de allí con una sonrisa en la cara.

No sé si ese equipo está compuesto por gente creyente o no, seguramente habrá de todo; lo más seguro es que ellos también tengan sus problemas y preocupaciones; pero, a pesar de todo,  lo que sí está claro es que ponen corazón y humanidad en su trabajo y con su modo de hacer cotidiano calman muchas penas, convierten en más llevadero el padecimiento de una enfermedad terrible y, en definitiva, hacen que el mundo sea mejor…
 


Y hoy el evangelio nos hablaba de que Dios escoge a las personas y a las cosas sencillas… Esos médicos y enfermeras anónimos me hacen pensar que el adviento no es cuestión de conversiones llamativas, de primeras páginas, de muchedumbres o aplausos; que más bien es algo del día a día, de lo pequeño hecho con amor, de volcarnos  por completo en lo habitual … de dejar que Dios haga de lo cotidiano algo verdaderamente extraordinario.

martes, 4 de diciembre de 2012

3 de diciembre. SORPRENDI DIOS


Raro es el día en el que no me sorprendo gratamente con el ser humano: en un video que veo en internet; en una conversación con alguna persona; en aquella señora que da una lección de humildad y es capaz de pedir y dar perdón; en ese hombre que se vuelca por completo con un hermano que necesita ayuda; en un grupo que supera una vez más mis expectativas….

En muchas de las bodas a las que asisto, recomiendo a los novios que no caigan nunca en la rutina; que no lleguen a equivocarse creyendo que ya conocen del todo a su pareja; que no dejen de sorprenderse mutuamente. Esta noche se me ocurre que en nuestro camino de creyentes, también relación de amor con Dios, podríamos aplicarnos el cuento.

Es bastante evidente que Dios siempre es una sorpresa, que sus caminos no dejan nunca de sobrecogernos pero ¿y al revés?

En la eucaristía de hoy me gustaba encontrarme con ese Jesús que también se sorprendía y admiraba ante la fe del centurión. Ese hombre, que era mal visto por el judaísmo, se presenta ante Jesús reconociendo la propia debilidad, demostrando amor por sus hermanos, dando la cara por ellos y confiando plenamente en Dios... Esa es la verdad del romano; la que asombra a Jesús y  le trae la salvación; también la que desenmascara a quienes, creyendo que tienen agarrado a Dios, en realidad están muy lejos de Él, porque no se preocupan por mimar ese amor, por sorprender a su amado; la verdad del autentico amor y la confianza real que rompe los muros del prejuicio, las fronteras y las distintas identidades; que va más allá de las iglesias, los templos y preceptos.
 


Es bonito pensar que también nosotros podemos sorprender al Señor; que en cualquier momento, mañana mismo, podemos hacer que Dios se asombre con nosotros… con un gesto que tengamos; con una herida que nos curemos; con un perdón que sepamos regalar; con una esperanza que resucita; con una opción que tomemos desde la fe y el amor…

El adviento es una buena oportunidad para que nosotros también aprendamos a ser “románticos” con Dios.

lunes, 3 de diciembre de 2012

2 de diciembre. ESPERANZ-ANDO


Con la llegada del adviento, vuelvo este rincón de internet. Es verdad que llevo demasiado tiempo sin escribir aquí, los últimos meses han sido algo difíciles y no me he visto con tiempo ni fuerzas como para hacer una reflexión y un dibujo a diario. Pero también es cierto, que he echado mucho de menos este ejercicio cotidiano; aunque absorba mucho, me resulta muy positivo y necesario.

Y supongo que no hay mejor momento para volver a esta buena costumbre, que este primer domingo de adviento.
 


Aunque parece que lo  peor ya ha pasado, todo lo vivido a lo largo de los últimos meses, aún me está pasando factura: lo noto sobre todo en las fuerzas y en el ánimo, que a veces me flaquean… Estoy seguro de que este punto de partida es común a muchas de las personas que puedan estar leyéndome esta noche. Especialmente en estos tiempos de crisis, abundan las situaciones oscuras, los espíritus ahogados, las lágrimas secas y las almas aplastadas. Es precisamente en esas situaciones donde más sentido tiene el adviento.

¡Levantaos! ¡Alzad la cabeza! ¡Se acerca vuestra liberación!

Esas son las palabras que el evangelio nos dirigía hoy, esa es la razón de mi esperanza, ese es el adviento. Un anuncio que sólo tiene sentido para aquél que es consciente de su necesidad, para el que sufre en sus propias carnes o es capaz de sentir el dolor y la opresión del hermano.

Sea lo que sea lo que te hace daño, lo que no te deja respirar, lo que parece que va a tumbarte… ¡SE VA A ACABAR! El triunfo es siempre de nuestro Dios, y Él viene a nuestro lado para salvarnos.

Lo que pasa es que este Dios del amor, precisamente por ser Amor, no puede ni quiere imponernos nada, ni siquiera ese amor que nos hace ser libres y humanos; necesita que nosotros le abramos la puerta, que le preparemos el camino. No podemos esperarlo de brazos cruzados, eso no es la esperanza cristiana, es preciso trabajar. Es absurdo pretender un adviento que, de verdad, nos conduzca a la Navidad, si no estamos dispuestos a que  nuestra vida cambie; tan absurdo como querer ser libre, pero sin querer soltar nuestras cadenas.

Hace falta despojarnos de todo aquello que pueda ser un obstáculo (rencores, orgullo, egoísmo, miedo…) y abrirnos a Él, a los hermanos y nosotros mismos, por medio del servicio, la fraternidad, la oración, el perdón, la Palabra…

Sólo así podremos permitir que el Señor cumpla su palabra en nosotros, es la única forma de poderlo acoger y conocer, de hacer que se haga realidad lo que esperamos: que su amor ilumine lo que no comprendemos, que su paz nos serene en medio de las tempestades, que su fuerza rompa nuestras ataduras, que su gracia venza sobre cualquier amenaza, que brille su justicia y nos comprometa en la transformación de la faz de la Tierra.

Desde esta comprensión, comienzo de nuevo el camino este año. Contento, ilusionado, lleno de sueños y esperanzas… ¡Feliz y Santo adviento a todos!

viernes, 31 de agosto de 2012

30 de agosto. PARA TODA LA VIDA II


Aquí va la segunda parte y final  del escrito de Vicente:

 

...Y la manera de hacerlo para mí, es la que hace casi ocho siglos comenzó Domingo de Guzmán. Es la de la centralidad de la Predicación. Llevar vida y hacer vida es contar al mundo entero que viviendo con Dios, con el tesoro del Evangelio, se vive mejor, se es más feliz, más humano, más libre, la vida se llena de sentido, es más justa y se apasiona cuando se vive tratando que el amor sea la guía de tu vida. Eso es la predicación, continuar contando la increíblemente buena noticia de Jesús de Nazaret con palabras y con obras.

            Y la Predicación con unas notas especiales... las dominicanas.

            La Predicación de la Gracia de que hay más de Dios ya actuando, ya siendo en el hombre y en el mundo de lo que a veces nos creemos, que el amor es más fuerte que el odio, que la luz es más que la condena, que el hombre es más divino que otra cosa, que podemos encontrarnos con este mundo que parece a veces superficialmente que se ha olvidado de Dios, pero que tiene más de él de lo que creemos. También es la Predicación de la Verdad, esa verdad que ensancha el corazón y la mente, que aclara e ilumina a los hombres haciéndoles mejores, más sabios, más humildes, más rectos, más humanos... lo cual significa también la profecía de la denuncia de la injusticia y la inhumanidad, y desde luego el diálogo con los que no creen o creen cosas diferentes, con este mundo que cambia y vive y crea y crece fascinante. Y es así mismo la predicación de la Compasión, de la misericordia, del perdón y la sanación que todos necesitamos, que muestra el amor de un Dios que es acogida, que es Padre y Madre, una misericordia que nace de la humildad de saberse uno mismo necesitado de perdón, y de la experiencia de ese Dios que ante todo, pese a todo, sobre todo es amor y sólo sabe dar amor.
 

            Y además con los elementos con los que Domingo estructuró esa predicación. Una vida de Comunidad, de hermanos iguales, con sus miserias y sus grandezas, con sus limitaciones y sus riquezas, que se sostienen unos a otros, que son unos para los otros signos del amor de Dios, de su perdón, su gracia y su salvación para cada uno, una comunidad que no es ni la mía, ni la tuya, ni la ideal, ni la soñada, sino una comunidad real, hecha entre todos, decidida entre todos, con sus virtudes y sus defectos, de personas elegidas por Dios para caminar tras de sí, que quiere caminar según Dios lo soñó, que quiere mostrar al mundo que se puede vivir juntos pese a las diferencias, que quiere ser el primer lugar donde experimentar lo que se predica. Una vida también de Oración, de contemplación, de relación con Dios y con los hombres desde lo más profundo, lo más hondo, lo más cercano a Dios, lo más trascendente y espiritual, mostrado en todo lo que nos rodea, una contemplación que busca el rostro de Dios, que busca experimentar su presencia, su amor, su cercanía... para dar al mundo eso que se ha contemplado. Una vida también de Estudio, de reflexión, de profundización en el mensaje de Dios y en todo lo creado, que busca conocer para contar, saber para darlo, estudiar para transformar, que es también experiencia de Dios y de su presencia, que se hace contemplación, que anhela y desea algo de la sabiduría de Dios para que la vida de uno y de los otros sea más conforme a ese sueño de plenitud que es Dios. Una vida en pobreza como desprendimiento de si, como una manera de amar, de darse, de querer que Dios sea lo único de nuestra vida, de depender de Dios, de saberse necesitado de su cuidado y protección, una pobreza que es signo en este mundo consumista y que grita que con menos se vive mejor y que así además a todos les llega. Una vida en castidad, en amor de verdad, sin dominio, sin aprovechamiento, sin búsqueda de uno mismo, amando en libertad, sin deseo de posesión. Una vida en obediencia como escucha, como disponibilidad, como humildad de saberse parte de un engranaje en el que cada pieza es única, pero que juntas son como cobran sentido, como apertura a la acción sorprendente de Dios en nuestra vida.

            Sólo puedo decir una cosa más, primero porque me he alargado muchísimo, y segundo, porque sólo una sensación, un sentimiento cubre todo lo que os he querido contar, el de la gratitud, el de la acción de gracias.  A Dios por el regalo, inmerecido, incomprensible, de este camino, el regalo de su Hijo, el regalo de Domingo de Guzmán, el regalo de la Orden de Predicadores, el regalo de la vocación a fraile dominico. La acción de gracias por todos los nombres, los rostros, los momentos que ha regalado en mi camino hasta aquí, lugares, personas, situaciones, buenas y no tan buenas, tiempos, señales... gracias por el camino, el cuidado de ternura y mimo y amor que ha tenido conmigo, el regalo de su amor mostrado y regalado en tantas y tantas personas que me han hecho ser quien soy, caminar por donde camino, siendo ellas conscientes o no, pero regalos todos del plan de plenitud de Dios para mi vida, y con la fe y la confianza de que si hasta aquí ha sido un camino fascinante, todo lo que queda por llegar será aún más increíble. Gracias. Para toda la vida, gracias.

           

           

miércoles, 29 de agosto de 2012

29 de agosto. PARA TODA LA VIDA


Durante toda esta semana, no he podido asistir a mi cita con el blog: he estado acompañando en sus ejercicios espirituales a Vicente, un joven hermano que muy pronto hará su profesión perpetua. Ha sido una experiencia preciosa el poder compartir estos días con él y el momento que está viviendo.

Vicente se ofreció a escribir algo para que  compartiésemos desde aquí  lo rezado y reflexionado juntos, así que es un lujo ofreceros esta primera entrega de lo que vive. ¡¡¡Seguro que os gusta!!!

 

¡Ay que responsabilidad!

            A uno que es lector habitual de este blog, y que sabe la de seguidores y lectores que tiene Félix, no deja de invadirle un cierto temblor al pensar en escribir aquí... esto de ser un "autor invitado" -no sé si el primero... si quitamos a su hermana, la madre de Rafa, creo que sí... ¡y eso que fui yo mismo quien le propuse esta entrada!, aunque hay que decir que al comienzo del blog anunció él que alguna vez habría firmas invitadas...- pero el caso es que es un poco arriesgado, es como usurpar a los que le leemos las reflexiones tan ricas y que tanto bien nos hacen, para ofrecer algo que seguro no será ni tan útil, ni tan vivo, ni tan real, ni tan de Dios... pero ¡quién dijo miedo!

            Porque exactamente de eso se trata. De hablar y de superar miedos. Yo también soy fraile dominico... y en estos próximos días haré mi Profesión Solemne, los votos definitivos, para el resto de mi vida. Y no se crean, que a pesar de llevar ya unos años viviendo en comunidad, viviendo los votos, siendo fraile predicador, afrontar esto de la profesión para toda la vida da vértigo... y aún sabiendo que es tu camino, el que te hace tener VIDA -con mayúsculas- y dar algo de vida a los demás, aún así, esta extraña condición humana nuestra tan fascinante y tan complicada no deja de hacer que se viva con un cierto miedo...

            Y me parece que en algún grado también es sano. No se enfrentan el saber lo que quieres hacer, con un respeto por lo que vas a hacer. Saber que las decisiones en la vida que son serias, que son reales, que son verdaderamente decisivas y trascendentes para una persona, hay que afrontarlas así, sin banalidades ni superficialidades de dejarse llevar porque toca, o por lo que te impulsa, no es algo común en nuestro mundo. Las decisiones más importantes en la vida de las personas, en esta sociedad muchas veces son tomadas muy a la ligera, sin ese punto de sano temor... y a veces por eso, quizás, no se toman siempre demasiado bien...

            Pero no sólo el temor o el miedo mandan en una decisión. Aunque tenga que estar para que sean decisiones responsables, hay otro factor sin el que las decisiones se toman igual de a la ligera, o incluso aún de peor manera si no está, y es el del amor. Las decisiones en la vida en las que te juegas la vida, aunque es verdad que son pocas, sólo pueden tomarse desde el amor, si no, sin amor, serán siempre decisiones erradas.

            El caso es que voy a hacer mi profesión solemne como fraile en la Orden de Predicadores, para toda la vida. ¿Y por qué? Pues aunque suene a topicazo, y a manido, no se me ocurre otra cosa que precisamente por amor. Pero ojo, el amor no es eso que sale en las películas románticas, no es un mundo rosa de violines y esponjitas y nubes, no es el amor algo blando, suavón, sin cuerpo, no es el flower-power de qué felices estamos... y una madre o un padre lo saben bien. El amor hace sufrir, el amor de verdad duele, el amor pasa noches en vela, el amor se sacrifica, amar de verdad es de algún modo, morirse cada día un poquito uno mismo para que el amado, la amada, lo amado, viva más y mejor... es dar la vida para que otros tengan vida. Por eso la cruz es el mayor signo de amor que se puede pensar.

            Pero ese amor que te lleva a morirte, y que duele, no es ni puede ser, si es de verdad, una amargura sin sentido de frustración. Morirse amando es morirse sonriendo. Hay un cristo que siempre me ha parecido una preciosidad que está en la Capilla del Castillo de Javier, en Navarra, que es el Cristo de la sonrisa. Amar lleva a aceptar las muertes de amor con una sonrisa, con paz, con hondura, con profundidad... con esperanza. Morirse amando, es morirse queriendo todo lo mejor para los que das la vida... y extrañamente quizás aceptándolo con paz y simpatía y plenitud, aun cuando no sepas si realmente sirve para algo... y es que el amor no es algo que sea útil, o que busque la utilidad. Porque amar es ir dando tu vida cada día para que la vida de los otros se enriquezca, mejore, sea más plena, más libre, más justa, más de verdad... incluso aunque no se logre. Y eso, en una paradoja fascinante que todo el evangelio cubre y recorre, hace que la vida del que entrega su vida gratuitamente, reverdezca, dé frutos, se llene de sentido, de vida, de pasión, de emoción, de riquezas sin cuento... aunque con realismo, sabiendo que morirse duele y hace sufrir, morir a todo lo que no deja al amor crecer libre y fuerte, matar todo lo que va contra el amor de Dios.

            Eso lo he experimentado yo, y en eso creo profundamente. Quiero esa vida que he comenzado a gustar estos años, y la quiero del todo, completa, profunda, para siempre. Por eso soy fraile dominico y por eso quiero serlo toda la vida... Pese a todas mis propias incoherencias y debilidades y limitaciones -que son muchas, muchísimas... demasiadas- , pese a la realidad de las debilidades de mis hermanos... La opción de la ilusión, de mirar cada día desde lo mejor y desde lo que puede ser en vez desde lo que no funciona y lo que va mal, mirar desde la gratuidad, desde Dios, es la opción que quiero en mi vida.            

            Caminar detrás de Jesús de Nazaret, intentar hacer vida de ese mensaje de amor, de vida, de plenitud, de agradecimiento, de servicio, es una opción de fe. No hay seguridades ninguna. No hay mas que la creencia de que quedándose al aire, al viento del Espíritu, optando por Jesús, por tratar de hacer vida de evangelio, del amor de Dios, la vida de uno tiene más sentido, se plenifica, da frutos de vida para los demás...