lunes, 31 de octubre de 2011

30 de octubre. INCOHERENTE

El día 19 de noviembre se confirmarán los jóvenes que vienen preparándose en la parroquia desde hace varios años , el tiempo se nos echa encima, así que ya estamos encargándonos de ir preparando la ceremonia.
Están muy ilusionados, y yo creo que lo estoy incluso más que ellos… la otra catequista y yo hemos ido viendo cómo, con el paso del tiempo, aquellos chavalines desconocidos, se iban haciendo mayores, profundizaban en la fe y se nos iban colando en el corazón.
Hoy, cuando después de la eucaristía, acababa nuestra reunión semanal, he tomado conciencia del cariño tremendo que les tengo: me descubría con unas ganas tremendas de abrazarlos y decirles lo orgullosos que me siento de ellos.
Es otra dimensión preciosa de esta vida a la que Dios me ha llamado; uno anuncia el amor, invita a los demás a buscarlo y vivirlo y, cuando quiere darse cuenta, él mismo se ha llenado de eso que predicaba.
En el ejercicio del ministerio, he tenido la oportunidad de acompañar a mucha gente en los momentos importantes de la vida. Siempre trato de dar lo mejor de mí y todo el cariño del que soy capaz… reconozco que a veces puedes caer en el error de creer que todo es inútil, que nada de eso  sirve de mucho, pero es mentira;  enseguida te das cuenta de que hay mucha gente que te acaba considerando algo así como “parte de su familia”: vuelven parra que veas cómo crecen los bebes que has bautizado; a presentarte a los niños que han nacido de las parejas que casaste; a contarte cómo va aquél problema para el que te pidieron una oración; a compartir, en definitiva, sus alegrías y dolores.
Y eso me gusta… porque soy consciente de las muchas limitaciones que tengo para poder amar (poco tiempo, mis despistes, la falta de detalle, la dejadez…), seguramente todos tenemos las nuestras, pero ninguna de ellas es un obstáculo insalvable ni, mucho menos, una razón para desistir.
Muchas veces se critica a los que hablan de lo que no viven, pero en realidad, si sólo pudiesen anunciar el evangelio quienes lo practican por completo… ¡estaríamos todos más “callaos”…!
Es más bien al revés, ¡hay que hablar de lo que te llena y da sentido!, porque, al hacerlo, al ser predicadores del Evangelio y ponerlo todo en ese anuncio; poco a poco, casi sin darte cuenta,  tu vida se va llenando de Jesucristo…
La incoherencia sería, más bien, hacer lo contrario de lo que se dice; pero no el hablar de lo que quieres vivir, aunque aún no lo hayas alcanzado.
Tenemos que contar lo que sentimos, hablar del amor nos ayuda a tomar conciencia de lo que vivimos y de aquello que podemos vivir; a encontrarnos con el otro (con el de cerca y con el de lejos) por encima de lo aparente o conocido; a descubrir en cada uno la riqueza que esconde –incluido en uno mismo-.


domingo, 30 de octubre de 2011

29 de octubre.EL DESEO

Soy parte de una familia muy numerosa, eso hace que sea difícil que todos podamos encontrarnos y disfrutar de un rato juntos. Hoy hemos bautizado a uno de los nuevos miembros del clan, al hijo de mi prima, y hemos tenido la oportunidad de volver a vernos muchos de nosotros y disfrutar los unos de los otros.
He disfrutado especialmente cuando algunos primos conspirábamos juntos organizando una deseada reunión de toda la familia, o al menos, de todos los que pudieran… una prima que se incorporaba a la conversación algo más tarde, al saber de lo que hablábamos, ha comentado que siempre estamos fantaseando con lo mismo, pero nunca lo hacemos ¡y es verdad!

No puedo verme mucho con ninguno de mis primos, ni siquiera disfruto de todos los momentos que me gustaría compartir con mis propios hermanos y me imagino que a todos nos ocurre tres cuartos de lo mismo, pero, quizás sea precisamente por eso,  es una alegría tremenda el poder vernos y contarnos;   es como que no te das cuenta de las ganas que tenías de hacerlo, hasta que no estás viviendo la situación.

Enseguida ha llegado la hora de irme, porque tenía que recibir a mi otra familia, a los laicos dominicos. Con ellos, con la fraternidad seglar, empiezan a realizarse algunos proyectos y sueños que también esperábamos desde hace mucho.




Todo junto me lleva a pensar en que, aunque la vida se impone siempre con sus ocupaciones y prisas, es preciso que no dejemos de esperar y fantasear, de soñar y desear… que, lo que tiene que llegar, siempre acaba llegando. Pero, también me hace darme cuenta de que hay cosas que deseamos sin ser conscientes de ello; de que hay que pararse a identificar lo que ansía  tu corazón… porque sólo así podemos valorarlo y buscarlo activamente, deshaciéndonos de todo lo que ocupa nuestro tiempo y nos distrae de lo que de verdad es importante.


Atender al Espíritu del Señor, que en nuestro interior sabe lo que nos conviene; para abrirnos por completo al proyecto de Dios y que éste pueda hacerse realidad.

sábado, 29 de octubre de 2011

28 de Octubre. ENMUDECER

Hoy ha sido uno de los días más felices de mi vida, de esos en los que te das cuenta de los infinitos frutos de la oración; dela grandeza que escondemos los seres humanos; de los que te hacen llorar de felicidad; que te hacen sentir muy pequeñito; en los que el amor explota y se lo lleva todo por delante; de los que apagan los cansancios y las preocupaciones; en los que revives los recuerdos y te lanzas al fututo lleno de esperanza; sientes con fuerza los cálidos labios de Dios besándote con ternura sin fin…

Siempre he pensado que el temor de Dios no tenía nada que ver con el miedo…debe ser más bien esto de hoy.




Enmudezco ante la grandeza de Dios, ante la forma en la que prodigiosamente irrumpe en nuestra vida…por eso me callo ya y dejo que hablen por mí los geniales “brotes de olivo” y el dibujillo, ¡¡claro!!






GRACIAS



Hoy Señor te daré



las gracias por mi vivir;



por la tierra y mis amigos,



porque siempre fui feliz.



 



Por el tronco en que nací



y la savia que encontré,



y los brotes que nacieron



portadores de tu fe.



 



Por las veces que caí



y las que me levanté,



porque siempre en ellas vi



el amor de tu poder.



Por lo bueno que viví



y en lo que sentí dolor;



siempre en todo yo te vi:



Te doy gracias, Señor.

viernes, 28 de octubre de 2011

27 de octubre. ARAÑA

Es increíble, la cantidad de luces de esperanza que brillan continuamente a nuestro alrededor… ¡qué visión tan diferente a la realidad que nos ofrecen los telediarios!

Si recorro el día de hoy, encuentro personas que inventan nuevas formas de llevar paz y alegría a sus hermanos; hombres que se comprometen por completo, que son capaces de perdonar y centrarse en lo positivo; niños que se hacen mayores junto a Dios; testigos del Evangelio que acompañan a los más pequeños en su proceso de fe; ilusiones que empiezan a tomar forma; hermanos que desde lejos se hacen presentes para compartir contigo las alegrías y dificultades del camino; los de cerca que no dejan de regalarte risa y misericordia; hermanitas que ya son grandes mujeres; grupos empeñados en la justicia; jóvenes predicadores que asumen responsabilidades… ¡puf! Y podría seguir enumerando personas que hoy me han mostrado esa esperanza activa que es el Señor. Estoy seguro de que todos nosotros podemos encontrar también infinidad de llamas a nuestro lado, si sabemos mirar, porque esa es una luz que sólo brilla si va íntimamente ligada a la confianza; un paradójico creer “frente a toda esperanza”.

Comparto un cuentecillo sobre esto que el otro día mi hermana me enseñó:






“Se cuenta que una vez un hombre era perseguido por varios malhechores que querían matarlo. El hombre se escondió en una cueva. Los malhechores empezaron a buscarlo por los alrededores de donde él estaba. Tan asustado estaba que elevó una oración a Dios de la siguiente manera:

"Dios todopoderoso, haz que dos ángeles bajen y tapen la entrada para que no entren a matarme".

En ese momento oyó a los hombres acercándose a la cueva en la que él se encontraba, y vio que apareció una arañita. La arañita empezó a tejer una telaraña en la entrada. El hombre volvió a elevar otra oración, esta vez más apurado:

"Señor, te pedí ángeles, no una araña." Y continuó: "Señor, por favor, con tu mano poderosa coloca un muro fuerte en la entrada para que los hombres no puedan entrar a matarme".

Abrió los ojos esperando ver el muro tapando la entrada, y observo a la arañita tejiendo la telaraña. Estaban ya los malhechores ingresando en la cueva anterior de la que se encontraba el hombre y éste quedó esperando su muerte. Cuando los malhechores estuvieron frente a la cueva en la que se encontraba el hombre ya la arañita había tapado toda la entrada, entonces se oyó la siguiente conversación:

- "Vamos, entremos a esta cueva." –dijo uno

- "No. ¿No ves que hasta hay telarañas?, nadie ha entrado en esta cueva." Le respondió otro.

Y se marcharon los malhechores dejando tranquilo al hombre.



" Si le pides a Dios un árbol te lo dará en forma de semilla".

Pedimos cosas que desde nuestra perspectiva humana son lo que necesitamos, pero Dios nos da aquellas con las cuales nos muestra que, con cosas muy sencillas, Él puede hacer mucho más. Como en este cuento, a veces pedimos muros para estar seguros, pero no tendría ningún mérito pues sabríamos y tendríamos la certeza de que estamos protegidos, Dios en cambio nos pide además confianza en Él para dejar que su Gloria se manifieste y haga que algo como una telaraña nos dé la misma protección que una muralla. Si has pedido un muro y no ves más que una telaraña, recuerda que Dios puede convertir las cosas... y confía en Él.”

jueves, 27 de octubre de 2011

26 de octubre. (...)

Conozco a unas personas que tienen una problemática muy compleja: problemas de salud física y psíquica, económicos, sociales…
Hace semanas que frecuentan la parroquia y siempre se paran a hablar conmigo, me cuentan sus problemas y me piden ayuda. Yo intento hacer lo que puedo, me traen documentos que tienen que rellenar; comunicaciones oficiales o papeles del médico que no entienden, para que se las explique; me preguntan por  información de instituciones, subvenciones… montones de cosas de las que no entiendo y que tengo que preguntar o buscar en internet antes de aclarárselas con mucha paciencia, como si fuesen niños pequeños.

Hoy, mientras estaba con ellos sentía una profunda impotencia y pensaba en lo poco atendidas que está esta clase de gente; todas las instancias se desentienden de ellos, cuando deberían estar tutelados o ingresados en algún centro que les cuide y oriente… y así les van las cosas, por si ya tenían poco, les llueven  problemas burocráticos y de convivencia.

Qué mal se siente uno en esos momentos, te das cuenta de que la cuestión es tan profunda y complicada que todo lo que intentas se acaba estrellando contra un muro, frente a la gran acumulación de dificultades que tienen.

Tras proponerles distintas posibilidades que ha resultado inútiles, les acompañaba apesadumbrado a la puerta, cuando uno de ellos me ha dicho que les encantaba venir a la iglesia, que aquí se sentían seguros, porque entre estas paredes había amistad: la de Dios y la mía.

Casi se me saltan las lágrimas de emoción, el vacío se me ha convertido en alegría…

 Así es la vida, el equilibrio entre el blanco y el negro que visto en mi hábito.


martes, 25 de octubre de 2011

25 de octubre. HARTO... ¿DE QUÉ?

Meditando y rezando en el camino de vuelta a casa, me he dado cuenta de un error que vengo cometiendo.

Me doy cuenta de que me estoy quejando mucho a cuenta de estos cursos,  de todo lo que estoy dando de mí y de los sacrificios que me supone; que si no tengo tiempo, que si dudo de mi capacidad, o que si estoy agobiado… cuando, en realidad, lo que estoy viviendo es toda una oportunidad:

Tengo el privilegio de poder estar haciéndolo todo, lo que me gusta y creo que debo hacer; puedo disfrutar de mi realidad cotidiana en su sencillez y también de participar en otra muy diferente en salamanca, con lo que eso supone de riqueza; grandes maestros están compartiendo conmigo su saber; gozo cada semana de mis hermanos de aquí y allá…




Quejarnos, por lo general, sirve de poco, sólo para envenenarnos más y centrarnos únicamente en la dificultad.

Porque es bastante común que, en la familia o con los amigos y el trabajo, nos ocurra eso: el pensar que es uno mismo el que lo hace todo, el que siempre está ahí, el que siempre da y nunca recibe.

Evidentemente, es una apreciación falsa en primer lugar, la trampa sutil de la mentira del “siempre” o el “nunca”. El que muchas personas se sientan así hace que la idea sea una contradicción, ¡no puede haber más de uno que sea el único que siempre lo da todo!

Pero, además,  es una falsedad que nos impide apreciar la suerte que supone tener a personas al lado y que nos necesitan; que no nos deja disfrutar del milagro de la compañía, porque sólo lo vemos desde el propio ombligo; y una injusticia con los demás, porque, al pensar que siempre están en deuda, no valoramos lo que ellos nos dan o hacen por nosotros.  

Definitivamente, es mal camino ese de llevar  cuentas en el amor; es infinitamente más verdadero y humanizador el de recibirlo, todo y a todos, como un regalo permanente... ¡hartarse de él!

24 de octubre. HEREDEROS

Mañana, aquí en Salamanca, se homenajea a tres profesores que han alcanzado la jubilación. Yo no podré estar, porque tengo que volver pitando a la parroquia, pero eso no significa que no me una, con todo el corazón, a la gratitud y consideración que se merecen estos hermanos.
Es algo que, desde que comencé a visitar este convento, me ha llamado mucho la atención: esos frailes veteranos que son un pozo de sabiduría y experiencias; más aún, desde que entré en la Orden supe darme cuenta del valor que tenían todos aquellos que ya tenían un largo recorrido en esta vocación, de lo mucho que les debía a mis hermanos mayores.
Si uno se olvida de donde viene, si no sabe admitir y reconocer la herencia recibida, está perdido. Si yo estoy pudiendo responder (o al menos tratando de hacerlo) a Dios en la Orden de Predicadores, es gracias a todos los que lo hicieron antes que yo y que, con sus aciertos y errores, han mantenido vivo nuestro carisma durante 800 años, hasta que yo he podido conocerlo y amarlo.

No puedo pasar por alto, la paciencia que se me ha tenido, las enseñanzas que me han transmitido, el rico legado que, de sus manos he recibido...

Y esto no me sucede sólo en la vida religiosa, también -como no- en la familiar... cada uno de nosotros es lo que es por las decisiones que ha tomado, desde luego... pero todas ellas han sido posibles gracias a aquellos que nos dieron la vida; que se sacrifican por nosotros, que acompañan nuestra aventura de crecer y enterarnos de lo que es la vida; que nos han transmitido lo que ellos han aprendido y descubierto y, sobre todo, que nos han llenado de amor sin condiciones.


lunes, 24 de octubre de 2011

23 de octubre. LA MUNDIAL

Hoy hemos celebrado el Domund, el domingo mundial de las misiones. Cuando era pequeño, este día me hablaba de los niños chinos, de huchas por las calles y pegatinas en la camiseta… puede que, para muchos, siga significando sólo eso…
En la actualidad, este acontecimiento me lleva, en primer lugar a mis hermanos y hermanas que desarrollan su vocación en lugares difíciles, peligrosos, poco receptivos a la Palabra; más allá del sentimentalismo y de ñoñas ideas románticas,  me habla de personas que se entregan a otras formas de vivir y comprender el mundo para, desde un profundo respeto, encontrar en ellas a Dios y llevar la dignidad, la justicia y la paz a todas las gentes. Hombres y mujeres que abandonan sus tierras y a su gente para enfrentarse a grandes dificultades, frustraciones y rechazos, para apasionarse con otros lugares, hombres y costumbres. En mi comunidad, sin ir más lejos, tengo un hermano que, tras dar la vida allí durante muchos años,  siempre llevará a África en lo más profundo de su corazón…

Me sabe, igualmente, a universalidad, a los rostros de los hermanos americanos, asiáticos, africanos… a tanta gente querida o, aún por conocer, que vive y anuncia su fe en sus propios países,  en otras lenguas, con otros acentos, en paisajes y climas lejanos y soñados desde aquí.

Pero el Domund, también me hace pensar en mí mismo y en mis hermanos de al lado, porque todos tenemos la responsabilidad y la oportunidad de ser parte de la misión de la Iglesia… lo cierto es que no nos queda otra, si de verdad nos encontramos con Dios, sólo podemos entusiasmarnos con Él y eso, hay que contarlo, comunicarlo y compartirlo.

El domingo del Domund, en definitiva, me habla del Reino de Dios; hoy no significa para mí más que amor, un amor que se extiende a todos los rincones del planeta y que hace que todos los seres humanos seamos hermanos…. Un amor que es blanco, amarillo, negro, rojo o “mezclaito”; que, no importa si  brilla en España, en Chile, en Mozambique o en Corea… sea, donde sea, es el mío y el tuyo, el de todos en Dios.


sábado, 22 de octubre de 2011

22 de Octubre. DEJARLO TODO.

Toda la Escritura, la ley y los profetas, se resume en un único mandamiento, el amor, algo, que por su propia naturaleza no puede ser “obligado” ni “cumplido”, porque el amor no puede forzarse…se trata pues, más de una prescripción, de una posibilidad; un amor, que es el Espíritu de toda la escritura, que está en nuestras manos, que es posible vivir.
Eso es lo que dice el Evangelio de este fin de semana, es también la cita que elijo para ser proclamada en todos los bautizos (¡¡hoy hemos tenido cinco!!), porque lo resume todo y, además de una forma preciosa.

Qué bonito es eso del amor ¿verdad? Seguramente, si miramos a nuestro alrededor, todos tenemos muchos amores: el de las parejas, los hijos, los padres, el resto de la familia, los amigos… pero no por eso tenemos que caer en el error de creer que ya estamos cumpliendo ese único precepto de Jesús. Él nos habla de un amor que, si bien tiene tres dimensiones (hacia Dios, con todo lo que somos; al hermano y a uno mismo) es uno sólo…. No debe ser cuestión de tener muchos amores, sino de que seamos capaces de vivirlos todos de una forma unificada… que nuestro corazón, si prioriza a alguien sea al más pequeño; que no deje fuera a nadie; que sea desinteresado, fiel, cada vez más universal… y eso, aunque es más bonito todavía, también es mucho más duro y complicado.

Ese amor es el mismo Jesucristo, en Él, en su forma de vivir y amar (como también expresa el episodio de la transfiguración) se concentra toda la Palabra; es ese amor divino que, cuando se descubre, nos deslumbra en su hermosura y nos llena por dentro.




Escribo esto en esta noche, cuando he preparado la homilía de mañana tras haber estado un ratito muy corto con los amigos y la familia. El tiempo con ellos podía haber sido más prolongado, eso es lo que yo hubiese deseado porque necesito estar con ellos, pero no ha podido ser, he tenido que renunciar en favor de otras personas, otras necesidades y obligaciones…

Cuando entré en la Orden, mis padres tuvieron eso muy claro, que, a partir de ese momento, lo dejaba todo para darme a todos; lo sabían mucho mejor que yo que, durante mucho tiempo, he querido “nadar y guardar la ropa”. Pero el tiempo y la misión se han encargado de irme haciendo ver que no puede ser; cada vez han sido más las demandas, las necesidades que descubro, los lugares y las gentes que reclaman a Dios… así que, también van aumentando los momentos que me pierdo y las ocasiones en las que no puedo estar con los primeros a los que amé.

No digo esto como un lamento, ni mucho menos; no estoy hablando de renuncias, sino de elecciones; porque lo cierto es que (aunque a veces, como ayer me comentaba un hermano que está lejos,  uno tiene la sensación de que se está distanciando) ese amor original no se pierde, lo siento con intensidad en todas las oportunidades en que puedo gozar de esas personas, sino que se enriquece, se hace más grande y de verdad; se conecta con el resto de lo que vives; alimenta y se nutre de todo lo demás. Es cuando lo limitamos y lo encerramos en pequeños amores individuales, cuando lo asfixiamos.

Esta noche me ha costado decirle a mis extraordinarios padres y a mis amigos ese “me tengo que ir ya”, pero estoy contento porque lo veo como un pasito más –de los millones que me faltan por dar- hacia ese único Amor hecho vida que es nuestro Dios.

viernes, 21 de octubre de 2011

21 de Octubre. PAZ??!!

En este país hoy no se habla de otra cosa, los políticos ocupan todas las pantallas y las páginas de los periódicos, sonrientes, como siempre, triunfalistas ante, lo que dicen, es el fin del terrorismo en España… que ahora ya viviremos en paz y todos se quieren llevar el ascua a su sardina, ¡que las elecciones están a la vuelta de la esquina!
En este blog no tengo costumbre de meterme en política, cada cual tiene sus opiniones al respecto, y tampoco lo voy a hacer hoy; simplemente compartir alguna reflexión sobre la paz, sobre la verdadera, de la que parece que la gente no sabe mucho (o, al menos es lo que parece que creen nuestros políticos).




Lo elemental es que no puede haber paz mientras se mantenga una injusticia; en la Escritura siempre aparecen de la mano la paz y el derecho, como una sola cosa; también el magisterio reciente lo constata (recordemos el famoso lema de “la paz es fruto de la justicia”). Y, por supuesto, los estudiosos del tema mantienen este convencimiento.

Como creyentes, hemos de hacer todo lo posible para colaborar en esta tierra con el Reino, por extender a nuestro alrededor ese tándem indisociable. Estoy convencido de que esa construcción pasa por el diálogo, por el encuentro y el reconocimiento mutuo entre las personas, incluso con quienes nos han hecho daño, con los que han ejercido violencia contra nosotros y los cristianos, recordemos, estamos invitados a amar.

Supongo que es aquí donde nos encontramos con la gran dificultad, la que supone el establecimiento de las condiciones necesarias para que pueda darse ese diálogo: igualdad, respeto, escucha, libertad…

Yo no creo que la paz sea cosa de los gobiernos, y mucho menos de una manada de asesinos… la paz, la de verdad, es cosa nuestra, de la gente sencilla, de a pie… La paz viene de dentro de uno, es la que Dios nos da:

en nuestras manos está identificar las injusticias, el daño que podemos causar a otros (incluso inconscientemente) y ponerle remedio; nosotros somos los que podemos tener la valentía de salir de la fortaleza de nuestros convencimientos para asomarnos a lo que vive el de enfrente y tratar de entenderlo; somos los capaces de dejar de relacionarnos desde la imposición o el propio interés para “empoderar” al que parece que es más pequeño que yo; es nuestra responsabilidad el aprender los caminos del diálogo y el encuentro con el distinto, el que no piensa o vive como yo…

La paz sólo se busca del lado de los que sufren, de las víctimas de la miseria humana, ellos son los preferidos de nuestro Dios; Él toma partido claramente por ellos.

20 de octubre. "HABITADO" X

Esta tarde, llegaba a la catequesis con el recuerdo del mal rato que nos llevamos (los chavales y yo) la semana pasada… la memoria me generaba miedo, arrepentimiento y precaución, ¡a ver cómo me los encontraba hoy!

Bueno, pues me atrevo a decir que esta tarde hemos tenido una de las catequesis más bonitas de todas las que hemos compartido a lo largo de estos años, parecía que, en lugar de adolescentes, estaba reunido con un grupo adulto y rebosante de seriedad; hemos podido tocar temas fundamentales, como el silencio de Dios, el sufrimiento, la presencia del señor en todos los momentos, los alegres y los tristes…

He terminado contento y muy satisfecho del grupo, qué diferencia con el sentimiento y el malestar con el que, hace nada más que una semana, salía del mismo sitio, con las mismas personas. ¿Qué ha cambiado? Pues seguramente todo un poco, yo ya no estoy tan tenso como hace siete días, posiblemente la bronca que les solté también les haya hecho pensar, ¡hasta el tiempo puede haber influido! Pero la cuestión, con lo que me quedo de todo esto es que nunca hay que tirar la toalla en las cuestiones del Evangelio; lo importante que es la paciencia (eso sí, siempre activa); que con el tiempo, cuando ponemos las cosas en manos de Dios, todo siempre sana, acaba, se ilumina, se transforma….




El tiempo, que corre cuando quieres atraparlo y se ralentiza cuando esperas; el mismo que nos asusta porque no sabemos lo que traerá; el que muchas veces amenaza con vencernos con sus fantasmas; el calendario, que no se detiene, sobre el que volcamos nuestro  temor pero que también acoge nuestra esperanza, que nos permite esperar, levantarnos, crecer, encontrar sentidos, y ser fieles a nuestro Dios.

Mientras estoy escribiendo, acaban de recordarme en Facebook que precisamente hoy se cumplen diez años de mi toma de hábito, qué coincidencia ¿no? … como dice la canción “cómo hemos cambiado…”

Este aniversario, me sirve como ejemplo perfecto para ilustrar mi reflexión de hoy; cuando pienso en aquél chavalín que recibía el hábito de la Orden de predicadores… en sus miedos, sus inseguridades y sus sueños… en lo difíciles que fueron los comienzos… en la gracia de encontrarse con la paciencia de muchos hermanos y hermanas que me acogieron y, poco a poco, fueron enseñándome las formas y los caminos de la paciencia, la perseverancia y la docilidad al Espíritu… ese pobre chico de rizos, que subía las escaleras del convento de dos en dos, también ha sido transformado, por Dios en el tiempo transcurrido, para convertirse en un hombre, aún un pobre hombre, pero con mucha más paz, más alegría y completamente feliz en Dios.

jueves, 20 de octubre de 2011

19 de octubre. "IDO" Y "VUELTO"

Hoy se me ha hecho tardísimo, al subir de misa he estado trabajando en unos carteles que tengo encargados y, cuando me pongo a dibujar, se me va el santo al cielo… se me pasan las horas y yo, sumergido en las formas y los colores, no me entero de nada. Hay un amigo que dice muchas veces que tengo una capacidad de concentración muy grande, yo no creo que sea eso, porque me ocurre sólo con el dibujo.
Cuando era pequeño, ya me encantaba dibujar y me pasaba largos ratos con el bolígrafo y el papel, me inventaba historias y las iba pintando para mí, personajes, criaturas fantásticas, animales de todas clases, bellas princesas…. y no cambiaba esos ratos por ningún juguete, porque el boli era una llave y esos papeles en blanco la puerta que me llevaba a mi mundo particular de fantasía.

De alguna forma, supongo que me sigue pasando lo mismo, que cuando me pongo a trabajar en alguna ilustración, me traslado a ese espacio personal y único que  sólo yo conozco pero que ahora, con el tiempo, se ha ido llenando de Dios y de hermanos. Ellos han hecho posible un milagro precioso: por una parte, el que ese universo propio se haya acercado mucho a la realidad, que beba de ella, que la refleje, que la sueñe…. Y por otra, que mi propia realidad se haya ido llenando de magia y de misterio.


Esa es una de las maravillas del amor, que pone en contacto lo más íntimo y secreto de tu corazón con todo lo que te rodea desde fuera, que hace que los dos ámbitos se toquen y se contagien mutuamente en un espacio común; que te hace descubrir en los dos sitios (en la Tierra y en tu interior) una belleza y una profundidad completamente insospechada.


miércoles, 19 de octubre de 2011

18 de Octubre. ALTER-ACCIONES

Al volver a casa, las cosas ya no son como las dejé ayer, así es la vida… hay cambios que llegan repentinamente a tu vida, ¡por sorpresa!, otros te los puedes esperar, pero eso no evite que, cuando llegan te cueste aceptarlos, adaptarte a la novedad, aunque sea positiva.
Algunas transformaciones vienen dadas por las circunstancias, de otras somos artífices nosotros, con nuestras propias decisiones; con estas pasa lo mismo que con el cambio: podemos verlas necesarias, con un fin positivo, una posibilidad de crecer…. Pero eso no evita que nos duela decidir, que se nos haga muy difícil hacerlo y que otros padezcan también por nuestra opción.

Pero es preciso decidir, arriesgar, cambiar y aceptar las formas en que la existencia altera nuestra seguridad, en que el devenir de las cosas siempre nos despierta de los letargos de la rutina y la inconsciencia. Esos acontecimientos son, en realidad, los elementos que van conformando nuestro caminar (aunque cada uno de ellos deba ser probado  también en lo pequeño y cotidiano).

En mi retorno a Sevilla me he encontrado con uno de esos cambios, bueno y necesario, pero que también me duele.  Ellos, en sí mismos, no tienen por qué significar nada, pero la cosa es distinta si intentamos verlos a la luz de Dios; entonces sí es posible encontrar un sentido, encajar esos cambios en la totalidad de una trayectoria y poder interpretarla.




Ese ejercicio, exige una participación activa por parte del ser humano, requiere de nuestra reflexión. Dios, como siempre lo ha hecho, sale a nuestro encuentro; y nosotros, sus hijos e hijas, cada día de nuestras vidas, seguimos tropezándonos con Él y su misterio… pero eso no nos sirve de nada, no nos enteramos, si después no somos capaces de racionalizar lo vivido, de identificarlo  e interpretarlo..

Esta noche pongo ese “cambio” en manos del Señor, oro  por que sea para bien y una oportunidad para el crecimiento de todos;  que mis hermanos y yo seamos capaces de interpretar la novedad desde la presencia siempre atenta y amorosa de nuestro Dios.

lunes, 17 de octubre de 2011

17 de octubre. PROGRAMAR EL GPS

Y ¡de nuevo en salamanca! esta vez me he venido en coche y así gano varias horas. He tenido un viaje extraordinario, sin apenas tráfico y con un día espectacular que embellecía, aún más, las tierras y los paisajes que he cruzado.
Siempre que me veo así, solo al volante, con la carretera por delante, me asalta una idea de tremenda libertad, una tentación de continuar conduciendo indefinidamente, a dónde el camino me lleve. Me ocurre lo mismo cuando voy a los aeropuertos y veo anunciados en el panel los vuelos a multitud de lugares lejanos y exóticos, también ahí me asalta el mismo impulso de perderme, la fascinación ante la infinidad de posibilidades y destinos.
Se me ocurre que sería bonito que eso no me sucediera únicamente en esos momentos puntuales, sino que ésa fuese la actitud con la que contemplara la vida, cada nueva mañana, al despertar: sintiendo la grandeza de la propia libertad, sabiendo valorar y aprovechar todas las oportunidades que la vida y Dios me ofrecen...
Pero el camino del creyente no puede ser solo así, me temo, un vagar de un sitio a otro sin rumbo; una sucesión de experiencias inconexas que, simplemente, se apilan unas junto a otras... nuestro "viaje de fe" tiene un sentido, no sabemos qué medios de transporte tendremos al alcance, ni los tiempos, ni las etapas o los compañeros de la aventura... pero sí que sabemos cuál es nuestro destino: la Verdad, la plenitud, la santidad... ¡Jesucristo!




Querámoslo o no, todos estamos ya en marcha en este viaje de la vida... si no queremos perdernos, para no llegar a ninguna parte, para aprovechar la travesía, lo mejor es marcar con decisión -en el GPS de nuestro corazón- la dirección que deseamos alcanzar. Eso sí, también es importante marcar en ese GPS la opción de "camino estrecho".

16 de octubre. NADA NI NADIE

Por fin, aunque en el último momento, he conseguido terminar todos los trabajos pendientes. Ha sido con mucho esfuerzo y sacrificio, porque la vida no entiende de eso, no te espera ni se detiene para darte tiempo.




Desde el alivio y la satisfacción del deber cumplido, pienso en la forma en la que he tenido que vivir esta semana, en las horas de sueño que me he tenido que quitar, en el agobio que me ha perseguido cada minuto y, sobre todo, en ese sentimiento de impotencia que ha ido creciendo dentro de mí: lo que empezó como una insignificante idea pasajera se fue convirtiendo, con el paso de los días, en una duda descomunal y en la amenaza terrible del desánimo…¿me habré equivocado? ¿y si no llego? ¿me quedará esta nueva aventura demasiado grande?

Qué diferente se ve todo ahora, que ya está hecho… que se ha podido, que está cumplido y enviado. Trato de retener esta perspectiva, porque, seguramente, la situación volverá a repetirse cada semana y ni puedo ni quiero repetir los mismos errores (soy capaz de cometer tantos que lo único que me faltaba ¡era repetirlos! jejeje). Ahora sé que se puede, soy testigo de cómo Dios lo ha hecho posible; no porque haya intervenido en mi agenda para liberarme unas cuantas horas por arte de magia (Él no es así), sino porque me ha sostenido en medio de toda la inseguridad y el agobio; me ha ofrecido constantes motivaciones desde lo cotidiano; me ha dado la fuerza para no rendirme y las ganas de seguir queriendo poder.


Seguramente, esta historietilla de mi estudio, puede extrapolarse a muchas circunstancias de nuestras existencias: cuántas veces la vida nos pone en situaciones que parecen imposibles, insuperables, que nos hacen creer que estamos perdidos o que “hasta aquí hemos llegado”… pues bien, son mentira, todas ellas. De la mano de nuestro Dios, nunca está todo perdido, jamás seremos derrotados, siempre habrá un mañana nuevo y mejor.

“Si Dios está a nuestro favor, ¿quién estará en contra nuestra? El que no nos escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no va a estar dispuesto a dárnoslo todo junto a su Hijo? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Si Dios mismo es quien los perdona, ¿quién será el que los condene?¿Acaso Jesucristo, que murió, resucitó y está a la derecha de Dios para interceder por nosotros?

¿Quién podrá apartarnos del amor de Dios? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada?

Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a Aquél que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús” (Rom 8, 31-39)

sábado, 15 de octubre de 2011

15 de octubre. A LAS PUERTAS DE TU VIDA

Hoy, por fin, he conseguido encontrar unas horas para sentarme a estudiar. Los textos que estoy trabajando tratan de la experiencia religiosa, y yo he tratado de llevar lo que estoy leyendo a mi propia vida.
A la luz de esa reflexión he recorrido la mañana en el cementerio, el encuentro con los amigos de toda la vida, los bautismos, mi reunión con los dominicos seglares…

El volverme a ver con amigos con los que hacía mucho que no me encontraba, me ha llevado a recordar los críos que fuimos, las esperanzas que teníamos, los proyectos y sueños de grandeza que albergaban nuestros corazones;  en sus rostros aún reconocía a aquellos chavales de instituto que conocí muchos años atrás, aunque la vida ha sido difícil para todos  y nos ha tratado de formas distintas. En los ojos de mis amigos he recorrido todos estos años, mi experiencia de vida y de fe, y he comprendido que Dios se ha colado y continúa haciéndolo; siempre en mi  camino, en la vida y en la muerte, en la alegría y el dolor… hoy lo ha hecho desde la experiencia y la ilusión de mis mayores en la Orden, desde las lágrimas de mi amiga en el funeral y en la sonrisa esperanzada de los padres que regalaban el bautismo a sus bebés…

Mi experiencia es la de un amor que, incansable, aprovecha cualquier oportunidad para llegar hasta mí; cualquier resquicio que aparece  entre mis falsas seguridades y egoísmo; las brechas que el gozo, el dolor, e incluso la injusticia, abren en los ojos adormilados de mi corazón… la más mínima oportunidad para entrar en mi vida, transformarla y llenarla de su amor… para toda la eternidad.

14 de octubre. ¡¿NACER Y MORIR?!

De nuevo la muerte ha vuelto a pasar entre mis seres queridos, acabo de llegar del tanatorio donde he estado acompañando a una vieja amiga y a su familia.
Así es la vida, ayer mismo, por la tarde, me encargaba del curso prebautismal ante un grupo de papás ilusionados , a los que les hablaba del milagro del nacer, de cada nueva personita que viene al mundo y hoy, el día ha terminado en una sala, donde mi amiga y los suyos lloraban la marcha de un padre.

Verdaderamente, lo del sacerdocio configura todo lo que eres; muchas veces digo que, desde que me ordené, es como si me hubiesen abierto una nueva ventana a la realidad; como si me hubiesen puesto unas gafas mágicas, de esas con las que soñábamos de pequeños, con rayos X para poder ver más allá de lo evidente… el vivir tan de cerca junto a tantísimas y tan variadas personas y realidades, el que  abran ante ti  las puertas de su intimidad, te ofrece una perspectiva de lo que somos y de la existencia humana completamente extraordinaria…. Como hoy mismo, en que se me muestran a la vez el principio y el final de nuestro paso por esta Tierra, como esta noche en la que he preparado juntos un bautizo y un entierro.


Esa visión privilegiada transforma por completo tu propia forma de vivir y de relacionarte; son incontables las lecciones tremendas que me llevo a la cama cada noche… pero claro, la cosa no se puede quedar ahí… esa percepción no es de mi propiedad; no se me ha dado únicamente para hacerme crecer a mí… hay que darla, tengo que buscar las formas de llevarla a los hermanos.




Eso me lleva al estudio, claro, y me recuerda que aún no he encontrado un rato para centrarme en las tareas que tengo que presentar dentro de nada para el curso que estoy haciendo.

Porque lo que he dicho no supone que dejemos de ser tan humanos como cualquiera, que sintamos igual el dolor; que nos asalten las dudas y las preguntas, incluso más que a otros; que, a veces, tampoco nosotros comprendamos y que, con frecuencia, nos falten argumentos…así que hay que buscar incansablemente las respuestas, los lenguajes y los caminos, por los que poder compartirlas eficazmente con cada hombre y mujer.
Esta tarde por ejemplo, en la sala del mortuorio, he visto a una familia unida y serena, me atrevería a decir que el ambiente era muy agradable. El padre de mi amiga, que ya está definitivamente junto a su Dios, ha tenido mucho que ver con eso; su vida aquí ha dado ese fruto; ese amor es su legado…

Hasta hace unas horas, quería ponerme a estudiar porque tenía que hacerlo y el tiempo se me venía encima. Ahora lo necesito, tengo sed: de la Palabra de Dios y de la de las de las personas, que pueden iluminar lo que he visto; que rescaten la esencia universal de esa lección, lo que a todos nos puede ser necesario; que me pueden regalar las palabras con las que explicarlo.


viernes, 14 de octubre de 2011

13 de octubre. UNA POBRE SEMILLA QUE GERMINA

He tenido otro de esos días agotadores en los que no he parado en todo el día, no es el primero así, todo lo contrario, este tipo de jornadas son las que más abundan en mi vida; pero hoy, al final de la tarde, he acabado desesperado y enfadándome con los chavales de catequesis… el haber perdido el aguante con ellos, después me ha  afectado bastante.
La diferencia; entre lo que me ha pasado hace unas horas y otras miles de tardes, en las que encajo  con serenidad y una sonrisa las tonterías y jugarretas de los chicos; está en mí, en que ahora mismo me descubro con la paciencia y las fuerzas mermadas… y no me gusta...

Y ahí está de nuevo, la vieja cuestión, la pregunta sobre cómo mantener el difícil equilibrio necesario entre el cuidado de uno mismo y la vida que se quiere entregar por completo. Porque si uno no atiende lo primero, no puede ofrecer lo segundo, eso está claro, pero es que… ¡me cuesta tanto vivir en esa tensión! no es que me crea un superman, ni tampoco me considero imprescindible, soy consciente de toda mi limitación y precariedad, pero es que son tantas las cosas que están por hacer, tantas capacidades las que tenemos por desarrollar, y ¡tan cortos los días, tan rápidas las horas!... tengo que reconocer que no, que no sé hacerlo, que esa es una de mis muchas asignaturas pendientes.

De cualquier manera, también es evidente que dar la vida y entregarte a los otros te desgasta, supone morir un poquito cada día; que esto del Evangelio, es perder la vida para llenarte de vida… y eso es lo que yo quiero, lo que siempre quise.




Yo no sé si algún día, en la práctica, aprobaré esta difícil  lección que tengo muy clara a nivel racional  y que todo el mundo insiste en recordarme… de momento, menos mal que tengo la oración, ese ratito al que me entregaré en cuanto suba este post y en el que sé que volveré a encontrar la paz y las fuerzas… ese rato en el que le diré a mi Dios: “no sé si lo habré hecho de la mejor manera, amor, pero hoy te he dado todo lo que he sabido y podido. Gracias mi Señor, porque eres tú quien lo ha hecho posible, tú el que me lo ha dado todo”.

miércoles, 12 de octubre de 2011

12 Octubre. PILAR

Hoy he saboreado intensamente la vuelta a casa; el día comenzaba con una reunión y convivencia comunitaria, nada más terminar me acercaba corriendo a estar un ratillo con la familia, para después reincorporarme al ritmo habitual de reuniones y a la celebración de la eucaristía…

A lo largo de todo el tiempo he tenido esa idea en la cabeza, la de la “vuelta al hogar”… sin embargo, ahora me he quedado pensando qué es lo que eso significa en mi vida: sí,  he vuelto, pero la verdad, es que durante estos días también me he sentido en casa.

¿Cuál es el hogar del pobre, del itinerante? Ahora estoy aquí, pero no permaneceré para siempre; ¿será que no tengo casa, o más bien que mi casa está en todas partes?

Me quedo con la segunda opción, mi casa está donde está mi Amor; donde esté un hermano; donde pueda servir de algo o a alguien…

Ese era mi sueño adolescente y que, sin haberme dado apenas cuenta, Dios ha acercado a mi realidad.

De alguna manera, relaciono este pensamiento con lo que decía el Evangelio de hoy, fiesta de la virgen del Pilar: En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.» Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»







































El hogar, la casa, el lugar de uno, la propia verdad, el sentido, la felicidad y la bienaventuranza no está en lo físico, en lo material; ¡no puede estarlo! Por mucho que nosotros nos empeñemos, es demasiado grande como para reducirse o encerrarse en algo concreto… lo atisbamos, comenzamos a descubrirlo en la medida en que amamos y somos capaces de darnos por amor.

En esa Palabra de amor, escuchada, acogida y hecha vida es donde María de Nazaret es la bienaventurada; desde ahí es como pudo vivir en fidelidad el seguimiento de su hijo; gozar y compartir el Magníficat de sus alegrías; acariciar las preguntas y el asombro en lo escondido de su corazón; soportar e iluminar el dolor desgarrador al pie de la cruz; ser feliz testigo de la resurrección más allá de la propia muerte. Esa Palabra de vida fue su fortaleza, su sostén, su permanencia incondicional… su felicidad, el pilar de su vida.

El pilar de María, madre y ejemplo de la Iglesia y, por tanto también puede ser el nuestro: el apoyo, la atalaya desde la que vivirlo todo; los rayos de Sol y el frío de la noche; el abrazo y el puñal; el camino y el hogar… la columna indestructible que nos aferra a la Verdad del amor… si nosotros queremos ¡claro!.

11 de octubre. MALO OTRA VEZ

¡Qué mal me ha sentado el nuevo prefijo! No sé qué tengo que me pillo todos los virus que haya en el ambiente…. Nada más llegar a Salamanca, caí enfermo.



He estado  en la cama con fiebre y el estómago revuelto, levantándome sólo para las clases. Esa es la razón por la que anoche no escribí; si hubiese estado en casa habría hecho el esfuerzo, pero en Salamanca tenía un “enfermero” muy duro que no me dejó ¡ni intentarlo siquiera!



Ahora ya estoy de nuevo en Sevilla, hecho polvo por el viaje y el malestar que se me ha quedado de esta enfermedad que, casi, ya he pasado…



La fiebre y los dolores me han pillado por sorpresa, justo en un momento en que me sentía eufórico por el cumpleaños y con los nuevos proyectos que estoy comenzando. Supongo que casi siempre es así, que los tropezones de la vida, no suelen pedir cita, se presentan siempre sin avisar. Uno puede creerse que es todo lo fuerte, capaz o invencible del mundo y que, a la vuelta de la esquina, le esté esperando un virus insignificante que lo tire todo por tierra.



Por eso es imprescindible que todo lo que somos, lo que hacemos y lo que soñamos esté siempre iluminado por nuestro Dios; que dejemos las puertas de nuestros planes abiertas de par en par a su Espíritu; porque lo que queramos hacer únicamente desde nosotros mismos; como, cuando, con, donde sólo nosotros queremos; tarde o temprano, acaba estrellándose con la propia debilidad y limitación.





Caminar a la luz de Dios, evidentemente, no nos exime de ponernos malos o de las flaquezas… pero sí que es garantía del éxito. El que se deja impulsar por el Espíritu del Amor, es capaz de esperar cuando llega el vacío, de reconducir los pasos, de correr cuando el viento sopla a favor, de abrir la   mirada a un horizonte más amplio, de encontrar salidas cuando todas las puertas parecen haberse cerrado…