viernes, 30 de septiembre de 2011

29 de septiembre. A TU LADO

Están por todas partes, nos rodean en todo momento….

Hoy mismo me hablaban de uno que ya ha cumplido su misión con fidelidad y volvía, feliz, al hogar.

Los hay que te traen mensajes de parte del  “jefe”; que te hacen ver con claridad, desde su propia vida o con sus palabras; que te enseñan a descubrir y entender las señales; que orientan los caminos y te sirven de empuje a la hora de saltar…

Otros te recogen del suelo cuando te has caído, te ayudan a curarte de los golpes y a que cicatricen tus heridas; siempre están ahí cuando no sabes qué hacer o cómo salir de un pozo; te sostienen cuando estás tan cansado que piensas que no puedes más; lloran contigo cuando sufres y te encienden una lamparita de esperanza en las noches más oscuras…

También están los que creen en ti y te llenan de confianza; los que rescatan tus posibilidades de los escombros de la propia miseria; que te hacen crecer, asombrarte con las maravillas de la creación y de ti mismo; esos que te llenan la cabeza de sueños, aventuras e inquietudes, los que siempre te piden más; hacen que te sientas seguro y capaz cuando arrecia la tormenta de la vida…




Sí, están por todas partes, dicen que tienen alas, aunque yo nunca se las he visto. Se llaman Miguel, Rafael, Gabriel… Pepe, María, Luis, Teresa, Paco, Carmen… tienen tu nombre y el mío.

Son los ángeles de Dios, todos aquellos que llevan a sus hermanos el amor del Creador. Están por todas partes, llevan toda la vida trayendo los cuidados y el mimo de mi Dios, a este pequeño corazón.

jueves, 29 de septiembre de 2011

28 de septiembre. SER HUMANO

Acabo de tener la gran suerte de asistir a una función del “Circo del Sol”. Siempre había deseado en secreto poder ir, pero nunca había tenido ocasión, está fuera de mi alcance, tanto en cuestión económica como de tiempo libre.



Pero hoy, alguien que me conoce bien, me ha regalado la entrada con motivo de mi próximo cumpleaños; me habían enredado entre unos cuantos, con falsas reuniones, para que la tarde se me quedase libre; así que, sin esperarlo, se ha cumplido una ilusión que llevaba muchos años escondida.



En un ambiente teñido de surrealismo, he contemplado los distintos números embobado y alucinando, como el resto del público: qué armonía, cuanta elegancia, perfecta coordinación… qué derroche de belleza e imaginación por todas partes.



Se podría decir que lo que esos artistas nos han ofrecido era verdaderamente increíble, desde preciosos ángeles renacentistas que compartían su vuelo con los seres humanos hasta un payaso que, en medio de la oscuridad, caminaba por el techo, boca abajo y con un candelabro en las manos.



No he podido evitar el plantearme lo grandes y perfectos que somos los seres humanos, la increíble hermosura de la que somos capaces. Eso sí, siempre a base de trabajo, constancia y sacrificio, que la magia no surge por si sola.



Tampoco se me olvidan los miles de artistas anónimos que andan repartidos por este mundo; aunque sin focos ni trajes relucientes, ellos también pueden continuar caminando y siendo portadores de luz,  aunque la vida se les ponga del revés; hacen equilibrios de amor cada día; llevan ilusión y alegría a los que se les acercan y consiguen también liberarse de todos los lastres que les retienen y volar, ¡volar alto!



Así somos, todos y cada uno de nosotros, así nos creó Dios: hermosos y perfectos; así es también el otro. Merece la pena que, de vez en cuando, nos paremos a saborear todo lo que, en nosotros, hay de único, bello y verdadero; porque hacerlo es detenerse a reconocer, en uno mismo y en el hermano, la presencia de un Padre que nos hizo a su imagen y semejanza.




Y si ya gozamos de esa condición, no digo nada de lo que está a nuestro alcance si, además, nos dejamos guiar por Dios, impulsar por su Espíritu. Junto a Él no importa lo que estemos viviendo o lo incapaces que nos sintamos: todo lo podemos, nada está fuera de nuestro alcance.


miércoles, 28 de septiembre de 2011

27 de septiembre. VOLVER A SER

Hoy, a causa de los milagros de internet, me he reencontrado con uno de los grandes amigos de mi niñez.  Cuando mi familia se mudó de ciudad fuimos perdiendo el contacto y hacía muchos, muchos años que no sabía nada de él.



En este día de locos que he tenido, su correo, aparte de suponerme una alegría enorme, ha sido todo un regalo; una de esas cosas que, de repente, despiertan, dentro de ti, un sinfín de emociones distintas, te hacen contemplar la vida entera en un instante.



Me ha hecho pensar en el tiempo, que corre que se las pela; en las vueltas que ha ido dando la vida hasta conformar lo que somos hoy; en la presencia y el aliento constante de mi Dios a través de los años… pero, sobre todo, me ha transportado a la infancia, me ha dibujado una sonrisa cargada de ternura, al recordar aquellos críos que éramos y que apenas empezaban a vivir.

En un instante, he vuelto a ver en un video Beta, los éxitos cinematográficos del momento; he jugado a policías y ladrones en un parque de Madrid; me he reunido con mi vieja pandilla para comer hamburguesas; he cantado las canciones de “parchis”; me he vestido de romano en el teatro del colegio; he ido de campamento con la parroquia y hasta   he robado un cubito de hielo en el bar de la esquina.

 Es bonito eso de ser niños… ayer mismo, el Evangelio nos volvía a recordar aquello de ser ellos y alguien me hablaba también de lo precioso que es ver cómo los chavalines pequeños; a pesar de que se pelean y tienen sus cosas entre ellos, como todo el mundo; son capaces de olvidarse de todas las ofensas en un segundo y, con un besito, restauran la amistad perdida y continúan jugando juntos como si nada.




Ahora mismo,  que me estoy emocionando un poco al escribir, se me ocurre que sólo debe ser cuestión de dejarlo salir; que el niño o la niña que somos todavía está dentro de nosotros, en algún rincón, escondido bajo un montón de maquillajes, escudos y medicinas sin receta…

 Hoy, la Palabra nos hablaba de un pueblo samaritano que no quiso acoger al Señor y yo compartía en la homilía que nosotros tampoco lo hacemos si no somos capaces de superar los prejuicios, los rencores y antipatías; si no abrimos la vida y el corazón a un hermano.

No sé… puede que ese sea el camino: recibir al Señor que hay en cada hermano y permitir que cada uno que entre en nuestra casa interior  nos ayude a ordenarlo todo; se lleve o vaya pulverizando cada careta, las armaduras y los recelos causados por nuestras heridas.

Puede que así sea posible ir rescatando, poco a poco, a ese crío que todos somos y que, libres al fin, todos podamos volver a  jugar unidos en los campos de nuestro Dios.

martes, 27 de septiembre de 2011

26 de septiembre. DESNUDO

Hoy he tenido la oportunidad de leer con tranquilidad las palabras que ayer nos regalaba el papa Benedicto. Solemos ser muy críticos con las intervenciones de nuestra jerarquía, aunque raro es que ninguno de nosotros acuda a la fuente, al texto original; nos conformamos con lo que nos dicen los medios de comunicación y eso suele estar manipulado y maquillado de uno u otro color.

Me ha llenado de ilusión, es más, me ha entusiasmado que dijera que la Iglesia necesita una fuerte renovación;  que debe volverse otra vez hacia el mundo, abrirse a sus preocupaciones; que tiene que despojarse de su peso material y político; dejar de preocuparse por el poder o la influencia y centrarse en su misión de guiar a las personas hacia Dios…




Para que las palabras de Benedicto XVI no se queden sólo en un bello discurso, creo que los que primero tendríamos que reaccionar somos nosotros, los cristianos de a pie. Haría falta que cada uno de nosotros se dejase cuestionar, verdaderamente, por lo que ocurre en este mundo, en lugar de acumular informaciones que nos resbalan desde la televisión a la hora de comer; que nos esforzásemos por no querer ser más que el de al lado, por no fijar nuestras metas en el éxito social o económico, sino en lo que es verdaderamente justo y digno del ser humano; que deje de importarnos el demostrarle al mundo que aún somos una Iglesia influyente y poderosa, que todavía conserva su capacidad de ordenar o sancionar el comportamiento de nuestros vecinos, que no busquemos el ser muchos para eso, sino con el deseo y la ilusión de llevar a todos el amor y la plenitud de nuestros Dios…

Que, de una vez, nos fuésemos enterando de quienes son los verdaderamente importantes en el Reino y nos ocupásemos de estar a su lado; que permitiésemos que la Palabra de Dios nos removiera cada día y nos condujera por los caminos de la justicia, la paz  y el Evangelio.

Yo quiero decir que sí, una vez más, y le pido a mi Dios que mañana me haga estar un poco más desnudo, ser más pobre, ¡más libre en el amor!.

lunes, 26 de septiembre de 2011

25 de septiembre. MANOS

Hoy me he reencontrado, tras el paréntesis del verano, con las parejas de mi equipo de matrimonios, más que el consiliario ¡soy su niño! Jejejeje… y me siento muy privilegiado de que me hayan permitido acompañarles en la vida.

Otra comunidad que me demuestra que esto del Evangelio es verdad, que está ya aquí y muy vivo; que me hace enorgullecerme de ser Iglesia; que fortalece mi esperanza.

No se me va de la cabeza la forma asombrosa en la que Dios se hace presente en la vida, su insistencia, ese coqueteo constante que se trae con nosotros intentando incansablemente que le prestemos atención, que le abramos la puerta…

Habrá quién no se dé cuenta de sus sonrisas cómplices, de sus miradas enamoradas, de los besos ardientes que nos lanza desde todas partes, en todos los momentos, lo sé, pero a mí –al menos en estos momentos de mi vida- no se me pasan desapercibidos la mayor parte de ellos.

Me llegan sin cesar, desde los muchos y preciosos hermanos que me regala y en la misteriosa intimidad del corazón… en las manos que, dentro y fuera, se ofrecen, acarician, se abren, rezan, reciben, aplauden, trabajan, sostienen…




Soy consciente, los recibo maravillado aquí y allá, pero otra cosa diferente es que sea verdaderamente capaz de recoger todo ese amor que, copiosamente se derrama sobre mí.

 Quisiera ser capaz de acogerlo completamente, de desnudarme entero y quedarme vacío de todo para poder llenarme por completo de ese amor y dejarme transformar  de verdad y para siempre.


domingo, 25 de septiembre de 2011

24 de septiembre. LA IGLESIA QUE SOMOS

Hoy hemos terminado el curso de eclesiología en el que he estado volcado los últimos días, tengo que confesar que me he emocionado un poco cuando ha llegado la hora de despedirme de esos jóvenes que, hace nada, no conocía siquiera.

He llegado a casa pletórico, contento de que ahora estén en mi vida, de que Dios haya cruzado nuestros pasos.

¿Habrá sido la fraternidad con la que me han recibido?¿la alegría que han derramado en mi corazón?¿sus ganas? ¿El respeto que me han ofrecido, el que me hayan hecho sentir reconocido en mi esfuerzo y en la ilusión…? Seguramente ha sido todo eso junto lo que ha provocado que, en tan poco tiempo, un pedazo de mi corazón se haya quedado con ellos, atrapado en un candil.

Ahora, con la satisfacción de lo vivido, repaso los momentos compartidos y pienso en que, cuando no rateamos en sentimientos, en ofrecernos con generosidad los unos a los otros, con lo poco o lo mucho que somos o tengamos; en el instante en que somos capaces de desprendernos del prejuicio, el miedo al extraño, la comodidad o el egoísmo, es cuando salta a la vista la piel de la fraternidad, es cuando podemos ver con claridad la verdad que nos empeñamos en esconder; la forma en que, con facilidad podemos reconocernos mutuamente como hermanos.




Tres días juntos, hablando de Iglesia: de cómo está organizada, de la forma en que se autocomprende, de sus dimensiones, de su pecado y su santidad, del modo en que nos situamos en ella, ante su misterio… y mientras tanto, casi sin que me diese cuenta, Cristo se hacía presente entre nosotros; cada vez con más fuerza, a medida que íbamos conociéndonos y empezando a querernos.

¿No es eso lo principal, lo esencial de ser y hacer Iglesia? ¿En el amor conocerán que sois mis discípulos?

sábado, 24 de septiembre de 2011

23 de septiembre. GENTE CON CHISPA

Segundo día intenso con los maristas, cansado, sí, tela, pero cada vez más contento con ellos: con su forma de pensar, con sus inquietudes, con sus ganas, su alegría…
Yo no lo sabía, pero parece que uno de los símbolos que esta familia utiliza en su pastoral con los chavales es un candil, “chispa” le dicen. Yo, que estoy que me derrito con ellos, les he prometido que hoy el dibujo que haría sería esa chispa “versionada”.

Así que, nada más despedirlos, volviendo al convento, ya venía dándole vueltas a la cabeza, pensando cómo dibujar esa “chispa” y la forma de expresar su aparición en mi vida…




La convivencia se está celebrando en un pueblo cercano a mi ciudad que está situado en un alto, de forma que, al bajar de noche, es un espectáculo ver toda la capital  iluminada. Frente a todas esas luces que brillaban esplendorosamente en medio de la oscuridad, repasaba lo que hoy hemos abordado: los aspectos más humanos de la Iglesia, las cosas que más nos frustran, lo que nos parecían errores de esta gran comunidad que somos. Yo, al terminar les compartía mi forma de vivir ante esas situaciones, mis esfuerzos por centrarme en lo positivo y, desde ahí, tratar de ser coherente con lo que creo y mi experiencia de Dios… tratar de ser luz en las sombras.

Mi ciudad cada vez estaba más cerca, ya se distinguían las ventanitas de los edificios, las farolas de las calles y los focos de los coches… hay que ver cómo es esto de la claridad, por imponente que se nos presenta ese inabarcable cielo negro, por inmensa que sea la tiniebla, resulta que una sola cerilla es capaz de romperla; una pequeña bombilla puede atravesarla muchos kilómetros con su resplandor… ¡una chispilla, aparentemente insignificante!

Luz en lo alto del monte que brilla, que orienta, que desvela, que denuncia, que nos permite ser conscientes…

No lo sé, puede que ese sea el asunto, intentar que uno mismo no sea un obstáculo para que la luz que hemos recibido se proyecte con fuerza; no esconderla bajo una cama egoísta y perezosa… tratar de permanecer cerquita de otras luces para que el efecto se multiplique, ir subiendo juntos a la cumbre y que destaque cada día más…

La miseria, la debilidad, la oscuridad que hay dentro y fuera de nosotros seguirá ahí, pero cada vez un poco más rota, más débil, más desapercibida… lleva las de perder, ya está vencida definitivamente por aquél que dio su vida amando y amando nos regaló, para siempre,  su luz victoriosa.

jueves, 22 de septiembre de 2011

22 de septiembre. EL DOMINICO Y LOS MARISTAS

Hoy he pasado el día entero y también lo haré mañana y pasado con un grupo de jóvenes de los maristas, son los catequistas y animadores de diferentes colegios del sur de España.

Los pobres míos tienen un meritazo increíble, a cualquiera que se le cuente que gente de veintipocos años de media se han encerrado conmigo a dar un curso intensivo de eclesiología… y son ¡¡¡casi diez horas diarias!!!

Es mucho tiempo y he acabado cansado, ellos también, no podían disimularlo, pero, a pesar del esfuerzo que nos supone a todos, he disfrutado mucho con ellos… el mismo cursillo en sí mismo está siendo ya toda una lección de Iglesia.

Yo iba un poco asustado, como siempre que uno se enfrenta a lo desconocido; ¿cómo serán? ¿nos entenderemos bien?, sin embargo, la experiencia de reunirme con jóvenes que no son de la Orden, que viven su fe desde otro carisma, para mí ha sido todo un regalo: me he encontrado con un grupo más que majo, de gente  brillante que me ha recibido de maravilla y con los que, en todo momento ha destacado todo lo que tenemos en común, no la diferencia.

Precisamente, una de las cosas que compartíamos en las sesiones era justamente eso, que nos hace falta a todos salir más de nuestros ámbitos cotidianos; atrevernos a conocer a los hermanos que siguen al mismo Señor por caminos diferentes al propio, conocer a la Iglesia de nuestro alrededor.

Yo soy el primero que comete el error de limitarme, demasiado a menudo, a los míos, a la comunidad parroquial o al ámbito dominicano, pero cuando Dios me brinda la oportunidad de abrirme, de caminar más allá de esas fronteras que me empeño en dibujar, es cuando, de verdad me doy cuenta de lo que somos, de la tremenda riqueza que poseemos entre todos, aunque cada cual se aferre a su cofrecillo.




Muchos caminos, cantidad de acentos evangélicos, innumerables campos de misión, muchos más hermanos de lo que uno es consciente habitualmente viviendo plenitud y regalando vida, todos en torno a un mismo Dios, llamados por el mismo Jesucristo, alentados  por un mismo Espíritu… esta es la Iglesia, por encima de toda la limitación que cargamos las personas, es el pueblo Santo que nuestro Dios nos ha regalado y al que tengo la inmensa fortuna de pertenecer.

21 de septiembre. UN "TÚ" EN TI

Confieso que últimamente estoy un poquillo agobiado: el curso se me presenta complicado, con muchas más responsabilidades que el anterior y yo… Quiero dar todo lo posible, atender a todo aquello en lo que uno pueda servir… pero no sé si podré, si seré capaz o si lo haré bien.

Con ese ánimo me he ido esta mañana de convivencia con mi comunidad; todos los años por estas fechas, nos retiramos para ponernos al día de cómo esta cada cual y de cómo se nos presentan los próximos meses. Desde ahí programamos la vida y el funcionamiento comunitario para ese tiempo.

He disfrutado compartiendo con mis hermanos, he recibido de ellos todo el apoyo y las facilidades del mundo, ellos me han confortado mucho, pero, sobre todo, ha sido en ellos mismos; en sus vidas, sus proyectos, su fidelidad, sus decisiones, en su valentía y sinceridad; donde he encontrado la clave que venía necesitando.

Nadie dijo que seguir al Señor fuese fácil, que no doliese el dar la vida… pero ahí estábamos, cinco hombres, con distintas edades, inquietudes, problemas, virtudes y miserias, tratando de hacerlo de la mejor manera, de hacerlo juntos además, confiando en ese Dios que un día nos llamó uno a uno por nuestro nombre.




Es una vieja historia, el Señor obrando continuas maravillas en nosotros, a lo largo de toda la vida y nosotros, siempre olvidándolas,  dudando, encerrándonos en la propia debilidad… así somos, cada nuevo paso, cada decisión nos sigue costando casi tanto como la primera vez, por mucho que todas y cada una de las opciones que hayas hecho por Él te hayan enriquecido y hecho crecer.

Pero siempre hay alguien, otro, un hermano o hermana que, si te dejas, te muestra que merece la pena seguir confiando. Yo hoy lo he vivido así, he sido testigo de un salto valiente y sincero de confianza en Dios, un paso rodeado de misericordia y fraternidad y estoy orgulloso de mis frailes.

Ante las dudas, en medio de la oscuridad o el dolor, cuando no podemos ver a Dios por ningún sitio…siempre podemos buscar algo que sí se ve: hermanos. En su presencia, en su vida, en su lucha, en esas manos tendidas y palpables, encontramos –incluso sin saberlo- la mano ofrecida de Dios.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

20 de septiembre. IN MEDIO ECCLESIAE

En estos días ando liado preparando unas charlas y dinámicas sobre eclesiología, creo que esa es la razón por la que estoy un poco más sensibilizado que de costumbre con el tema.

Desde esa óptica meditaba también las lecturas  de la eucaristía: el fin de la restauración del templo de Jerusalén y el evangelio de "Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra."

Hoy hay mucha gente que pretende vivir la fe, seguir a Jesucristo “por libre”, al margen de la comunidad; otros no se encuentran reconocidos en la Iglesia y rompen con ella, muchas veces muy heridos además;  otros se montan su propio “chiringuito”, junto a quienes piensan como ellos y se despreocupan del resto del pueblo de Dios, “esta es mi Iglesia y no la de los curas, o el Vaticano”… no sé, hoy son muy numerosas las formas de cuestionar la dimensión eclesial del cristianismo.

Estos cuestionamientos pueden ser positivos para la Iglesia, para corregirnos, aprender, encarnarnos mejor en el hoy, si es que sabemos acogerlos y ofrecer respuestas… pero, sobre todo, debemos buscar vías de encuentro con todos esos que se alejan, debido a nuestra propia responsabilidad fraterna, movidos por la compasión… ¿qué será de todos esos que se van?

No vale eso de “romper la baraja”, no se puede vivir el seguimiento de Jesucristo sin la Iglesia, no hablo de la salvación (que de eso ya se ha discutido mucho  a lo largo de los siglos); creo firmemente en la inabarcable misericordia de Dios. Me refiero al aquí y al ahora; al hermano, a la comunidad cristiana entera: nos hacemos falta unos a otros, si queremos caminar en verdad ante el Señor, no podemos prescindir de nadie, ni de la vida consagrada, ni de los movimientos laicales, ni de la jerarquía, ni de la iglesia de base… aunque sea más fácil quitarnos del medio al distinto y al que no piensa igual, necesitamos esa pluralidad que es fruto del Espíritu; gracias a ella podemos aprender a dialogar, enriquecernos, buscar la verdad…. crecer en el amor auténtico, que no se limita a los de nuestra cuerda. O seguimos al Maestro todos juntos o lo estamos haciendo mal los unos y los otros… iremos detrás de cualquier otro interés o ideología, pero no tras Jesucristo.

Santo Domingo, en su época, vivió una realidad muy parecida, él se acercó a esas personas, vivió lo que vivían, comprendió sus situaciones: la Orden nació como respuesta a las preguntas y necesidades de gente que se había apartado de la comunidad y, así, sanó también las miserias de una Iglesia estancada.




Hoy, igual que entonces, no es cuestión de buscar buenos y malos sino de asumir el reto de tendernos la mano mutuamente, la aventura de encontrar puentes que nos permitan encontrarnos y hacer familia.

El mes pasado, en Madrid, nos decían aquello de que los dominicos tenemos que estar en el corazón de la Iglesia… hoy es completamente actual y necesario, igual que en el siglo XIII: un corazón lleno de vida, que la transmite al resto del cuerpo, que llega hasta todas las fronteras.

Yo estoy en ese corazón, tú también…. El Señor nos necesita construyendo unidad, siendo Iglesia activa, abriendo las puertas de par en par para que el Espíritu entre y salga vitalizando a la humanidad entera.

martes, 20 de septiembre de 2011

19 de septiembre. PUEDEN PODER

Ya son muchas las personas que he conocido en esta vida que, aparentemente serían lo que en la sociedad llama “frikis”, que vienen a la Iglesia buscando un respeto y una acogida que en otros lugares no encuentran.
Esta noche quería hablar de ellos, también de la buena gente que está sufriendo por culpa de las mentiras y las injusticias de este mundo... "los enfermos y los pobres, ya pueden poder" decía una preciosa canción que oía esta tarde y que me ha resultado muy inspiradora.

Así que quería hablar de la victoria de los pobres, de los miserables; de cómo Dios los hace triunfar… pero me he dado cuenta de que no lo tenía nada claro. Es como que lo sé a nivel racional, porque la Palabra de Dios rebosa de esa predilección descarada de Dios por ellos, pero luego no lo veía en la práctica, en la vida cotidiana.

En seguida me ha venido a la cabeza, la otra vida, la resurrección, el momento en que Papá-Mamá Dios los restituya con su abrazo todopoderoso… pero ¿y aquí? ¿Cómo triunfan todas las víctimas de la violencia, el egoísmo y la mentira humana?




Oye, ¡que laguna más grande en mi formación he descubierto! He estado buscando ávidamente en internet algún artículo que me aclarara, he echado un buen rato y nada nuevo, ni una página que contestara mi inquietud, así que he decidido buscar en la propia experiencia, a mí alrededor… otra vez pensando en ellos, en los frikis que conozco…



Yo siempre me imagino que aquél grupo original de seguidores de Jesús también tendría mucho de eso, de frikis: gente a la que todos repudiaban, de la que todos se reían; leprosos, prostitutas, muertos de hambre, incultos y toda clase de estigmatizados… el mismo Jeucristo, el hombre más pleno y feliz de la historia vivió y murió así. Víctimas y escoria de la sociedad también, y mira, es la Iglesia original; la que liaron… cambiaron el mundo para siempre… ese pensamiento empieza a darme luz, a calmarme esta sed interior que se me ha despertado esta noche. Ahí está clara la victoria, la forma en que Dios los colmó de felicidad ya en esta Tierra; bueno, es evidente para mí ahora, 2000 años después pero, en aquél momento no creo que fuese igual… los contemporáneos de aquella Iglesia naciente no fueron conscientes de ese triunfo, claro, ¿¡sólo lo sabían y disfrutaban ellos!?



¿Y si ahora, en el siglo XXI siguiese pasando lo mismo? La mayor parte de aquellos  que se me acercaron con una fachada extraña después han resultado ser seres con un corazón inmenso; casi todos ellos cargan con sus sufrimientos y siguen adelante porque, tal y como me cuentan, sienten la fuerza y el sostén de Dios… esos últimos, en su intimidad, igual son conscientes y disfrutan por saberse los preferidos del Señor; sienten el verdadero "poder", no el que oprime sino el que nos capacita, el "yo lo puedo todo" ,porque Dios está de mi parte.

 Yo mismo he encontrado una felicidad inimaginable desde que adopté este estilo de vida “alternativo”, sobre todo cuando me junto y relaciono con esos supuestos “parias”….

Si me ha costado tanto intuir respuestas, debe ser que aún soy demasiado rico y reconocido, porque todavía no participo lo suficiente de ese grupo de los favoritos de nuestro Dios… ahí está el camino entonces, esa es la dirección por la que puedo dirigir mis pasos, la senda que me ofrecerá la respuesta a mi pregunta.



“Me preguntas por mi fe.

¿Te respondo llanamente?

Creo en Dios,

Creo en el hombre,

Creo en el Señor Jesús,

Creo en la pobre María

y en toda la Iglesia pobre.



El Dios vivo de estos pobres,

¿es el nuestro, oh Teófilo?".

(Pedro Casaldáliga)

lunes, 19 de septiembre de 2011

18 de septiembre. INFINITO

Este domingo he tenido la suerte de asistir a una eucaristía que presidía un gran predicador. Entre las preciosas e intensas reflexiones que nos ha regalado sobre la parábola de los jornaleros en la viña del Señor, había una que me ha gustado mucho.
Nos decía que si a alguien le tocaban 20 euros en la lotería, cuando había otro premio de 100, probablemente pensaría, qué pena que no me hayan tocado los 100 euros… qué cerca he estado. A esos niveles, los 80 euros de diferencia son importantes; incluso hay muchos concursos en los que las personas pierden todo lo acumulado por conseguir  un poco más… pero si lo que se ganan son 99.000 millones, seguro que nadie se lamentaba de que el premio no hubiese sido de 100.000 millones… con tantos ceros de por medio, un millón arriba o abajo ya no importa tanto.

 Este fraile nos decía que algo así es lo que nos pasa con Dios, que por eso nuestros planes, nuestros caminos y nuestra justicia es tan diferente de la del Señor. Cuando nosotros amamos, al relacionarnos, en el perdón, la justicia o la paz… es como si nos estuviésemos manejando con calderilla unos centimillos nada más; por eso le damos tanta importancia a tantas cosas insignificantes, esa es la razón por la que nos dejamos la vida por alcanzar  objetivos fugaces y frívolos; muchas veces nos peleamos, sufrimos y hacemos daño por tonterías…
Pero Dios no, Él no se anda con insignificancias, siempre nos desborda en todo, Él es y ama en un grado infinito…




Sin embargo toda esa vida, esa plenitud, ese amor ilimitado del Señor  no está lejos de nosotros, todo lo contrario, se nos da continua e insistentemente.

Es la pasión que hizo que todo un Dios se despojara de su propia trascendencia y se haga frágil, pobre y pequeñito en un pesebre; el mismo amor por el que el Dios-con-nosotros entregó todo lo que es por los caminos de Galilea; el por el que se dejó matar en una cruz; el infinito amor que lo resucitó y que hoy, aquí y ahora sigue llamando a nuestra puerta; el Espíritu que nos llena y orienta nuestros caminos. Una oferta eterna e interminable de plenitud, de grandeza y de sentido, la de un Dios infinitamente enamorado.

Y sin embargo, ahí seguimos, entretenidos “contando moneditas”, mirando hacia abajo, mientras nos rodea una lluvia inagotable de “millones”.

domingo, 18 de septiembre de 2011

17 de septiembre. AMOR-SENTIDO

En días como hoy, llega uno al final de  la jornada muy satisfecho; he trabajado mucho, cierto, pero probablemente lo mismo que otros días, sin embargo esta noche, (no sé si habrá sido por el ánimo de hoy, por las gratas sorpresas que he recibido o por el tipo de actividades que he realizado) lo repienso todo de una forma más consciente, veo con más claridad el fruto de mis esfuerzos y dedicación.

Ya sé que uno no trabaja para eso, para ver los frutos… pero es que no soy de piedra y, de alguna manera a todos nos hace falta ver que nuestro esfuerzo  sirve de algo o a alguien.

Mi dibujo es el abrazo de Dios, la forma en que amorosamente nos estrecha por medio de la creación entera… ya he hablado otras veces de eso, de cómo nuestro Dios lo pone todo a nuestros pies,  pero eso no es suficiente: podemos no enterarnos de nada.






















El abrazo de Dios tiene vocación de reciprocidad, aunque siempre sea una respuesta necesariamente desproporcionada; nosotros tenemos que abrazar también, apretarnos fuerte contra su cálido pecho; recostar la cabeza sobre su  misericordia, sentir el beso de la Gracia.

¿Y cómo se hace eso? Me podría preguntar alguien… pues supongo que de muchas maneras, pero hay una que, por lo menos a mí, me resulta infalible: me entrego a ese abrazo cuando me entrego a la gente; cuando soy capaz de superar mis comodidades, mis intereses o mis egoísmos y puedo dar un paso más en el darme; Es entonces cuando percibo con más fuerza esos brazos infinitos que me estrechan y me desbordan de amor y sentido.

sábado, 17 de septiembre de 2011

16 de septiembre. A LA LUZ DE LA RAZÓN

Mira que somos comodones los creyentes, cómo aprovechamos cualquier excusa para justificarnos…

Hoy ha salido en una conversación aquello de la “fe del carbonero” como argumento para no aprender, para no estudiar, para no racionalizar la propia fe.

Me parece un ejemplo perfecto de cómo pervertimos las cosas en nuestro propio beneficio, cuando no tiene nada que ver una cosa con otra.

La sencillez del creyente, vivir la fe con humildad, llegar hasta donde las capacidades o las oportunidades nos permiten, saber que Dios siempre es más y que desborda nuestra capacidad de razonar,  es algo que, aparte de indiscutible, no está reñido con la inquietud, con el cuestionamiento o con el pensar nuestra fe; todo lo contrario…




Pretender que la verdadera fe no quiere conocer y entender, siempre más, es como decir que al auténtico amor no le interesa saber quién o cómo es la persona amada.

Creo que esa concepción errónea nos ha hecho mucho daño, porque hay mucha gente que cree que, en cuanto a Dios, es mejor no hacerse preguntas y ésta es una realidad que alimenta la pasividad en un importante sector de la Iglesia: creyentes muy manipulables que se relacionan con el Padre parcialmente, sólo desde el sentimiento, dejando fuera el resto de su ser… ¡y cuantas veces nos engañan los sentimientos!

No dejan de sorprenderme muchas de las prácticas pseudo-religiosas que aún persisten en nuestra sociedad; en personas bien formadas en otros ámbitos de la vida: místicas muy autocomplacientes que no nos hacen avanzar en nuestro seguimiento de Jesús u olvidan el compromiso con los que sufren; acercamientos a la Palabra cargados de superstición; espiritualidades que tienen más de creencias mágicas que otra cosa…. Hermanos que están expuestos a que cualquiera los engañe o destroce sus creencias.

Y la fe no tiene nada de superstición ni hechicería y sí mucho de reflexión y conocimiento; de opción libre y personal… Dios nos ofrece su amor, el acoger y responder  o no a ese don, es una responsabilidad propia e ineludible… y todo eso es imposible si no pensamos, si no estudiamos, si no nos dejamos transformar y hacernos mayores en la fe.

viernes, 16 de septiembre de 2011

15 de septiembre. ES PALABRA DE DIOS

Conozco a una madre que está sufriendo un dolor inimaginable, uno de los más grandes a los que creo que se puede enfrentar un ser humano. Me cuenta que, aunque a veces se viene abajo, está viviendo con paz, que siente con mucha claridad el abrazo de Dios que la mantiene en pie.

Hoy, fiesta de nuestra madre, la virgen de los Dolores, no se me ha ido de la cabeza, su testimonio ha inspirado mi predicación.

En la vida de esta mujer, en su fidelidad junto a la cruz, se hace realidad, vive la Palabra de Dios.

Lo de Dios es tan fuerte que también nos regala a todos, sus hijos e hijas, esa posibilidad: la de ser Evangelios andantes, como lo fue el Señor. Podemos serlo en cualquier circunstancia, en la bonanza y en la amargura, seamos como seamos, con cualquier edad, con pocas o todas las limitaciones del mundo… todos tenemos en nuestras manos la opción de ser Palabra de Dios vital y presente en nuestro aquí y ahora, una oportunidad que se nos regaló desde el mismo día de nuestro bautismo.




Esa es la verdadera predicación, la que se comunica no sólo de boquilla sino con la vida entera: con nuestra felicidad, con las renuncias, los sacrificios,  con la generosidad y el amor de cada día.

Se puede ser buena noticia, está a nuestro alcance vivir como vivió el Maestro de Nazaret; ese es el desafío, la aventura cotidiana del creyente, avanzar hasta esa meta, ¡conseguirlo!

jueves, 15 de septiembre de 2011

14 de septiembre. LOCURA Y ESCÁNDALO

En estos días estoy de aniversario, anteayer hacía diez años que comenzaba el noviciado, a principios de octubre serán 11  los que lleve ya en la orden y tal día como hoy, fiesta de la Santa Cruz, hice mis votos  religiosos.



Me siento especialmente contento y preparando la breve homilía de la eucaristía de hoy, me daba cuenta de que no me había podido tocarme una fiesta mejor para la ocasión.



Estamos muy acostumbrados a la cruz, tanto que ya no vemos lo que es en realidad. La cruz es soledad, muerte, dolor, incomprensión, injusticia, burla, persecución… la de Cristo, es la misma cruz que la  de tantos hombres y mujeres que hoy siguen padeciendo y muriendo en Somalia, en un prostíbulo de Tailandia, en Afganistán, en las calles de Calcuta… es el fruto de nuestro pecado, del egoísmo y la indolencia de los seres humanos.



Pero esa cruz, que nos mata (tanto al que está colgado de ella como a los que colocamos los clavos)  es también la que nos salva, porque toda esa miseria e inhumanidad que tenemos en el corazón es asumida por nuestro Dios. A pesar de todo ello, nos ama y lo hace con locura y, desde luego, ese amor es infinitamente más grande y más fuerte que toda nuestra inmundicia junta.




Es un amor tan inmenso que transforma la cruz, haciendo de lo que es nuestra perdición, el árbol de la salvación. ¿Por qué? Porque ese Dios con nosotros, ese hombre que se desangra en la cruz, lo hace amándonos y no sólo eso, también entendiéndonos y justificándonos.

El mayor crimen de la historia, un Dios asesinado en nombre de Dios y, sin embargo, nunca hubo ni volverá a haber un amor así, que rompe toda medida y cualquier límite que se nos pueda ocurrir.

En la cruz, Cristo no sólo nos muestra ese amor, sino que además nos enseña que ya no hay nada que pueda acabar con nosotros, que por intenso que sea el dolor, la injusticia, el vacío… todo, si lo asumimos desde el Amor, nos hace más vivos, más humanos, más de Dios.

De lo que debía ser una vergüenza de la humanidad, nosotros los cristianos, hemos hecho nuestro signo; la señal de que estamos en cada gota de sangre que se derrama injustamente; en cada lágrima que brota de un niño hambriento; en todas las angustias de la humanidad… asumiéndolo todo desde el amor de Dios, tratando de llevar a todos su salvación.



Doy gracias al Padre, porque no podía haber un día mejor para entregar mi vida a Él en la Orden de Predicadores.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

13 de septiembre. ¡¿QUIÉN ES?!

Puede que la culpa sea de esta desbordada imaginación mía que Dios me ha dado, pero en cuanto me siento a pensar, no se me dejan de ocurrir posibilidades, cosas que se podrían hacer… tantas que tengo que acabar estableciendo unas prioridades para que ¡no me explote el reloj!

Sé que eso ya escribí  en otra ocasión, pero… ¿Seré yo o será el Espíritu? que como el viento suave trae a mis oídos el clamor de los hermanos, sus necesidades y esperanzas (que son las mías); que, como el fuego, hace que la Palabra arda en mi corazón, pidiendo ser vivida y anunciada; que, como una paloma, vuela hacia delante, inventando nuevos caminos, descubriendo sendas inexploradas, alcanzando todas las fronteras…

¿Seré yo? ¿Será Él? ¿Seremos los dos, juntos?...





Cuando comencé a acercarme a la Orden, me entusiasmaba un texto sobre santo Domingo, que decía que él era un hombre de horizontes infinitos; que ya desde niño se embobaba mirando las amplias llanuras castellanas, preguntándose ¿qué habrá más allá?

Ahora comprendo de una forma nueva esa expresión de los “horizontes infinitos”, además de inquietud y curiosidad; suponen un dejar que el Espíritu de Dios, que el amor, esté continuamente empujándote, moviéndose dentro de ti, abriendo campos y conduciéndote mucho más lejos de donde jamás soñaste llegar.

Siempre acostumbramos a pedirle a Dios todo lo que nos hace falta, a confiar en Él, y eso está muy bien claro, pero ¿con qué frecuencia nos detenemos para preguntarle qué es lo que Él necesita, qué me pide a mí?

Estoy seguro de que todos nosotros, si nos paramos un momento… si hacemos silencio en el entorno, podremos oír el aleteo… ese Espíritu loco y amante que, si lo dejas actuar hará que la vida entre y salga a raudales por cada uno de los poros de tu ser.

lunes, 12 de septiembre de 2011

12 de septiembre. EL GATO

Hoy me he reencontrado con este viejo cuento que siempre me hizo mucha gracia:

En un monasterio había un gato que, cada vez que se hacían las prácticas de meditación, entraba y se paseaba entre los alumnos. Algunos de ellos lo consentían y el maestro se perturbaba por esto, hasta que finalmente ordenó que lo ataran a un árbol.

De este modo pasaron algunos años en que el gato era atado todos los días, pero después de algún tiempo el maestro espiritual murió y un sucesor se hizo cargo del templo. Éste continuó con la costumbre de atar al gato, el cual, pasado un tiempo también murió.


El nuevo maestro se sintió con la necesidad de conseguir otro gato, de manera que lo pudieran atar durante las prácticas. Esto al final se volvió una costumbre y hasta en una tradición que se mantuvo durante generaciones.



Siglos más tarde, algunos sucesores del maestro original escribieron libros y tratados acerca del significado espiritual de atar un gato para la práctica más profunda de la meditación.




El releer esta historia me hace pensar en el gran desconocimiento que los creyentes tenemos de nuestra liturgia, hacemos las cosas que se han hecho siempre, sin saber muy bien por qué, perdiéndonos la belleza que suelen encerrar y manteniendo otras que ya no tienen sentido…

Yo, que siempre fui una persona religiosa que asistía regularmente a todas las celebraciones. Cuando me ordené, me vi en la necesidad de leer despacio el misal, de entender lo que estaba diciendo. No fue hasta entonces cuando me empecé a dar cuenta de lo bonitas que son nuestras celebraciones, del orden lógico que encierran, del sentido profundo que nos brindan.

Es una realidad evidente que, normalmente, el personal enciende “el piloto automático” en las eucaristías y en el resto de las celebraciones, y eso es un poco culpa de todos: de los curas que podemos caer en la lectura rutinaria y aburrida y también de la comunidad, que a veces, se deja llevar por la pasividad y lo más cómodo.

Yo no dejo de asombrarme cada día ante muchos de los gestos y signos que empleamos en la liturgia, así como de las palabras con las que lo expresamos. Ciertamente también puedes encontrar cosas que chirrían y que claman por una renovación (aún aparece con frecuencia la superada dualidad entre el cuerpo y el alma, por ejemplo) pero la gran mayoría sigue siendo completamente nuevo y hermoso; para muchos de los creyentes un tesoro aún por descubrir.

Esta noche, me atrevería a sugerir a quien pueda leerme, que en la próxima eucaristía se proponga poner una atención especial a la plegaria eucarística, por ejemplo, o al prefacio… a una de las partes de la celebración; que la medite y la entienda; estoy seguro de que, por muy aburrido que sea el sacerdote, se encontrará con un regalo precioso que, hasta el momento, estaba pasando inadvertido.

11 de septiembre. SER O NO SER

Hoy, en varias conversaciones que he podido mantener se me confirmaba, una vez más, una de mis convicciones sobre la existencia humana, algo que ya aprendí de niño aunque tardé algunos años más en racionalizarlo: que lo más importante en esta vida es la actitud desde la que la encaramos.



Hay personas que, en medio de las dificultades y los sufrimientos más grandes, son capaces de luchar por la vida; lo afrontan todo desde la serenidad, apuestan por lo bueno que tienen y generan muchas cosas positivas a su alrededor.

Hay otros que, incluso sin nada que les afecte gravemente, parecen regodearse en las miserias (propias o de los demás), complacerse dándose lástima a sí mismos, encerrándose en la apatía de creer que lo propio es siempre mucho peor que lo del otro y dejándose morir.

En medio de la muerte yo he encontrado a personas rebosantes de vida y muchos vivos que son cadáveres andantes. La vida no es como se nos presenta, es como cada cual decide vivirla…

En unos casos, y también en los otros, está presente Dios, indudablemente. En los primeros de modo más evidente (porque esas personas, con sus vidas, hacen brillar su presencia) y en los otros quizá de una forma más discreta, tendiendo la mano, sosteniendo el sufrimiento, intentando –por todos los medios posibles- llenar de amor esas realidades, colmar de vida la vida.

domingo, 11 de septiembre de 2011

10 de septiembre. VIDA-DADA

Hoy hemos bautizado al primer hijo de unos de mis amigos más queridos, después me he pasado todo el día de celebración con ellos, las horas se me han escapado casi sin enterarme charlando y compartiendo con ellos ( ¡es que los tiempos buenos vuelan!) así que, un servidor está ahora mismo totalmente destrozado.
Esta noche, lo que queda de mí, sólo da para compartir, muy brevemente, dos reflexiones que me han asaltado a lo largo del día.




No sé, si de verdad nos paramos a saborear como se merece el milagro de la vida; la capacidad que Dios nos ha dado para generarla. El tener un bebé en brazos me ha hecho pensar en lo mágico que es todo nuestro proceso natural, desde el principio al fin y en la bendición y el privilegio que supone el ser capaces de dar vida a otros. Por lo menos, es una grandeza en la que yo no suelo pensar.



Y por si eso fuera poco, por el bautismo, podemos vivir todo ese misterio en comunidad, juntos en amor; completamente libres y en novedad permanente; por Cristo, con Él y en Él; animados por el Espíritu de todo un Dios…


sábado, 10 de septiembre de 2011

9 de septiembre. ALLÍ QUEDÓ EL FRAILE...

En esta vocación que Dios me ha regalado, a veces, es complicado distinguir entre la satisfacción y el dolor…
Ayer quedé para cenar con un grupillo de gente, que ya está en torno a los treinta años, y que hace años solían participar de las actividades que organizamos en la Orden para los jóvenes.

Lo pasé muy bien recordando con ellos los viejos tiempos y el sin fín de anécdotas que hemos protagonizado; el caso es que hoy me ha dado por pensar en que ya son muchísimos los jóvenes que se han cruzado en mi camino, que un día se acercaron a la Orden.

Unos venían equivocados, o más perdidos que el barco del arroz; otros cargados de prejuicios y, algunos conscientes de lo que buscaban.

Con la llegada de cada uno se me ha encendido y se me enciende  la ilusión; todos me han llenado con sus inquietudes y yo me he volcado feliz en ellos, he intentado transmitirles mi sed, la belleza y la alegría de mi Dios; el placer de ser Iglesia.

Hoy algunos de ellos siguen aquí, son laicos dominicos y trabajamos y vivimos juntos, codo a codo; pero otros no… gente buena que decidió buscar por otros derroteros y vivir otras cosas…

Lo peor es que, muchas de esas rupturas tuvieron su origen en tonterías juveniles; en hormonas alborotadas y encontronazos afectivos, o en la miseria que todos tenemos.

Ayer una chica, noble y buena, que ahora dice no sentirse parte de la Iglesia, me decía que nada de lo vivido, sufrido, trabajado y disfrutado con ellos caía en saco roto; que todos ellos habían aprendido cosas importantes a nuestro lado.

Yo, (y me temo que no sé explicarlo muy bien porque, como decía al comienzo, es un sentimiento ambiguo) a la vez que me enorgullezco de ellos, de haberlos tenido en mi vida; no tengo más remedio que respetar su libertad y verlos alejarse de Dios con el alma partida en dos…

Junto a la inmensa alegría de ver que algunos de “mis niños” se convierten en cristianos serios y maduros, y de pensar que el Señor se valió de mi pobreza para tocar una parte de lo que son; también se presentan con fuerza el dolor y la impotencia que me suscitan los que se pasan de largo la fuente de la verdadera felicidad. Supongo que son las dos caras de una misma moneda, la de la predicación...

Ante estas personas, hermanos queridos pese a todo, sólo me queda la oración y confiar en que Dios, en la inmensidad y el misterio de su amor, vuelva a encontrar un resquicio por el que volver a colarse en sus jóvenes vidas.