sábado, 31 de diciembre de 2011

31 de diciembre. Y FIN...

Fin de año, con las doce campanadas se acaba el 2011 y, con él, cumplo el objetivo que me marcaba hace 365 días: contar e ilustrar, durante este año, cada jornada; lo que vivía, lo que pensaba y sentía.



Se me hace muy raro haber llegado al final, ha sido mucho y muy variado lo que la vida me ha ido presentando… pero, ante todo, lo que me brota del corazón hoy es dar las gracias.

En primer lugar a Dios, al amante que no nos abandona y que es el único protagonista de cada afán cotidiano; por su amor y presencia infinita. Durante este tiempo, mi principal deseo ha sido compartir lo grande que es, lo bonita que puede ser una vida que se le quiere entregar por completo.






Pero también gracias a vosotros, los que leéis estas reflexiones; ha sido todo un privilegio poder compartir la vida con vosotros, sentirme acompañado, animado y sostenido por tantos hermanos y hermanas.

Cuando empecé con esta historia, nunca imagine que iba a recibir visitas de todos los países del mundo, o que este proyecto culminaría con ¡¡50.000 páginas vistas!!… verdaderamente, es todo un lujo el que  me habéis regalado, y me siento un privilegiado.



Con el nuevo año, llegan también proyectos por estrenar y nacen horizontes insospechados… pero, la verdad, es que no me siento capaz de decir adiós, de abandonar este rincón cibernético, que durante todo este tiempo ha sido refugio, consuelo, y alegría cotidianos. Eso sí, tendré que reducir la frecuencia, porque un dibujo al día me quita demasiado tiempo.



Aquí seguiremos, compartiendo la vida; alabando, bendiciendo y predicando con colores a este Dios nuestro que es posibilidad permanente.

Con todo el corazón GRACIAS por este 2011, a vosotros, mis hermanos de internet y gracias siempre al Ilustrador de la vida.

A todos, nos deseo que vivamos un 2012 muy, muy feliz en Dios.

viernes, 30 de diciembre de 2011

30 de diciembre. LA SAGRADA FAMILIA DE ALMAGRO

Qué frío hacía esta mañana en Almagro… los campos desolados; la iglesia de nuestro convento era una nevera; helado llegaba yo, porque desde que me enteré de lo de Paco me congelé por dentro; y fríos iban llegando, a aquél hermoso claustro, mis hermanos… desde muchos sitios diferentes, uno a uno, alcanzábamos ese destino al que nunca quisimos llegar y nos abrazábamos con los ojos húmedos, sin decirnos nada…



Enseguida descubrí, emocionado, que no estábamos solos, que habían venido viejos amigos y que  muchos miembros de mi parroquia también se habían dado esa paliza de viaje y estaban allí, con nosotros, para darnos un beso y un pañuelo.



Después llegó esa madre, fuerte, serena, la que era un poco la madre de todos, a la que todos quisiéramos poder consolar… con ella el resto de la familia… de nuestra familia.



Luego algunos sacerdotes del lugar y el pueblo entero que abarrotó silenciosamente el templo.



Todos juntos, me atrevería a decir que más que nunca,  hemos celebrado la resurrección de un joven fraile, hemos dado gracias por su vida, hemos llorado y hasta sonreído al recordar sus bromas y su forma de ser.



Me he vuelto enseguida, solo otra vez… y conduciendo por las tierras de la mancha, de repente, me he dado cuenta….



Ya no tenía frío, todo lo contrario, me encontraba confortado y el Sol me acariciaba el rostro con cariño… ahora tenía el abrigo de la familia, el calor de Dios, que nos había alcanzado en la unidad y la fraternidad y que había derretido todos los hielos del dolor o del vacío y secado mis ojos, por primera vez en dos días.



Hoy, precisamente en la solemnidad de la Sagrada Familia, no creo que el mensaje sea si este modelo o el otro es el que vale… todo lo contrario:



¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Y, mirando en torno a los que estaban sentados a su alrededor, dice: Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre (Mc. 3).







Lo que nos enseñan María, José y el niño es a estar siempre abiertos a la Palabra de Dios, abiertos al amor y la unidad, y por tanto, al nuevo, al distinto, al extranjero… a saberse,  ser y hacer familia con todo ser humano.

Eso es lo que muchos hemos vivido esta mañana en Almagro, los que estábamos allí, los que no pudieron pero se unían en la oración ¡éramos uno solo! unidad por amor y en el Amor; es lo que he experimentado de esta vocación y esta Orden que Dios me ha brindado; es el tesoro escondido  que no quiero dejar de buscar y construir… el primer regalo que me ha hecho mi hermano Paco desde el cielo en este  fin de año  intenso, como intensa es siempre la vida cuando uno se atreve a vivirla de verdad.

jueves, 29 de diciembre de 2011

29 de diciembre. FELIZ AÑO VIEJO

El triste acontecimiento de ayer se une a estos días en los que también estamos despidiendo al 2011; me imagino que, en esas circunstancias, es casi imposible el evitar que el recuerdo se despierte y recorra los pasillos del corazón.

El haberme propuesto escribir este blog a diario  durante todo un año, se ha convertido en una herramienta inesperada; en el mapa precioso con el que he ido recorriendo todo lo vivido a lo largo de estos meses.



Como soy tan despistado, nunca había tenido la oportunidad de repasar la vida de esta manera; siempre me había engañado la memoria, alejando los acontecimientos en el tiempo; borrando muchos de ellos, asumiéndolo lo extraordinario como normal; haciendo presente lo que ya hace mucho que pasó…

Releyendo el blog, me ha asombrado la cantidad de cosas, de experiencias de todo tipo, que vivimos en sólo  un año: alegría, dolor, ilusiones alcanzadas, esperanzas que se gestan, tropiezos, impotencias, éxitos, diversión, enfermedad, esfuerzo, recompensa, llanto…

No quiero hacer balance, no puedo decir si ha sido un año bueno o malo, ha sido un año de vida, con todo lo que eso supone y que, en lo mejor y lo más difícil ha estado tocado por la mano maestra de mi Dios, que ha ilustrado cada paso y circunstancia, cada aliento, todos los segundos.




No sé lo que vendrá con el 2012,  seguro que, de nuevo,  habrá de todo… lo que espero, lo que rezo, es que no nos quedemos con un aspecto nada más, que podamos vivir siempre con esos ojos de quien se sabe protagonista de la obra maestra del Gran Artista.

Me imagino que es muy sano, hacernos conscientes de ello a la hora de saltar a un nuevo año, cuando ante el reloj, pensamos en cómo pasa el tiempo, en qué nos deparará el nuevo año.

Hoy me acuesto pronto, que mañana salimos muy temprano para dar el último beso (por ahora) a Paco. Buenas noches.


28 de diciembre. LLORANDO...

Esta tarde ha llegado un fraile más al cielo. Después de luchar mucho, y cuando parecía que lo peor ya había pasado, mi hermano Paco se nos ha ido…

Fue uno de los primeros frailes que conocí siendo casi  un niño y, aunque no sé si se lo llegué a decir alguna vez, era importante para mí, lo quería mucho.

Yo conocía la noticia justo antes de empezar la eucaristía y me ha costado la vida acabar la celebración sin romperme en llanto; Me había preparado una homilía sobre los santos inocentes, sobre el dar la vida por Jesucristo, en cada oración, en el padre nuestro, al partir el pan…  no dejaba de ver su cara, sonriéndome con esa risilla suya tan contagiosa, en comunión con nosotros en aquella eucaristía… y la voz se me quebraba y los ojos se me humedecían.



Ahora sí, ahora escribo con la cara y el corazón cargados de lágrimas…

No lloro de dolor ni vacío, sé que ahora, Paco cuida de todos los que aún seguimos aquí desde la casa del Padre; le hablará de nosotros, de nuestras debilidades y grandezas, al lado de todos los hombres y mujeres que nos han precedido en la Orden… aquí nos hacía mucha falta en todos los sentidos, pero sé que –como ya nos dijo Nuestro padre Domingo- ahora nos será más útil.



Mi emoción brota de la gratitud, de lo que vivimos juntos, de lo mucho que ha dado a la Orden, del amor que me dio un hermano que supo estar cuando y como había que estar a mi lado. No era perfecto, pero para mí fue ejemplo, desafío, fraternidad, cercanía, honradez, amigo, risa, apoyo…

Lloro también de admiración ante un fraile y un sacerdote que, como supo y pudo, lo ha dado todo a su Dios, en todas las circunstancias y hasta el final…



Sé que conmigo lloran todos los frailes y la familia dominicana, porque no somos de piedra; porque lo queríamos, porque nos queremos; porque las certezas y la fe no evitan el sentir dolor… lloro porque no me lo creo, porque no puede ser que Paquito esté muerto…


Y cada lágrima mía, la de cada uno de los que lloramos su marcha, precisamente en esa fe que nos unió, se transforma en esperanza y alegría… Paco vive y nos ha demostrado a todos que es posible dar la vida, día a día, por amor y hacerlo con una sonrisa siempre en la cara.  


El viernes lo despediremos en su pueblo natal; el mismo día en que, hace 22 años,  fue ordenado sacerdote. Brinda desde el cielo con una cervecita por nosotros ¡Gracias para siempre, hermano!


miércoles, 28 de diciembre de 2011

27 de diciembre. ESCARLATA LLEGABA SIEMPRE TARDE

El otro día, mientras hacía el dibujo para el blog, me vi “Lo que el viento se llevó”, sí, ya lo sé, todo un clásico de estas fechas… no fui nada original, pero siempre disfruto mucho con esta película.

La famosa frase de “ya lo pensaré mañana”, que Escarlata pronuncia repetidamente, hoy aparecía en una conversación que tenía con otro fraile y una amiga.



La protagonista la dice en diferentes momentos de la peli, en contextos y significados muy distintos.

Por ejemplo, son las palabras con las que termina la obra… es verdad que, a veces, no podemos más y no es bueno obsesionarse con las cosas, dejarlas reposar y buscarles solución más adelante.

Pero, la mayor parte de las veces –como ocurre también en el largometraje- son una trampa tremenda… cuando, consciente o inconscientemente, las usamos como excusa para no afrontar, para no molestarnos, para escapar de las realidades y problemas de la vida... ¡Y así le va, a la pobre!



Y es una mentira porque desconecta el futuro de lo que vivimos ahora, como si nuestras acciones u omisiones no fuesen a repercutir en lo que vendrá… es una lástima que vivamos así, dejando lo importante para otro momento, esperando un mañana ideal “Esto o lo otro lo haré cuando tenga más tiempo, esté mejor preparado, cuando haya más facilidades, en la próxima oportunidad”; pero ese día  nunca vendrá, porque nunca nos faltarán las dificultades ni tendremos las circunstancias que nos lo pongan todo rodado y así, se nos va pasando la vida, atendiendo a otras cosas, a compromisos y necesidades que no son las fundamentales.




Estamos en tiempo de navidad, ocasión para acoger a Dios en lo humano, en mí y en el que está al lado o más allá; para entregarnos por completo, para ofrecerle y poner a su servicio lo que somos y tenemos: lo material y lo personal; en ello nos jugamos la felicidad y lo que somos de verdad.

Todos sentimos en el interior esa invitación de Dios; sabemos en el fondo lo que podríamos hacer…

¡y es ahora! No mañana. El futuro es para continuar,  para afrontar desde el Señor lo que la vida nos presente, no para acumular pasos que no se dieron, no hay por qué esperar para desprendernos de los ruidos de la cabeza o el alma, para hacer hueco, para responder por completo…  para ser humano en y con lo humano y, sólo así, dejarnos ser completamente de Dios.

martes, 27 de diciembre de 2011

26 de diciembre. NAVIDAD ROMPIENDO

Aunque sea Navidad, el mundo no se detiene, con sus afanes, sus alegrías y desgracias…

Hoy veía conmocionado en el telediario la noticia de todos los hermanos que han sido asesinados en Nigeria o las víctimas de la carretera en el fin de semana…es como si no debiéramos atender a  estas cosas durante las fiestas, porque ese ensueño de “felicidad” y “amor” con que nos envuelven los comercios, y los intereses de la sociedad.

Pero la Navidad no es, ni ha sido nunca, un caramelito dulce, repleto de estrellitas y luces de colores. La verdadera navidad, la que pasa inadvertida para la mayoría,  es la impotencia de unos padres, la dureza de un niño que tiene que nacer en un lugar infrahumano…  y así es como Dios rompe para siempre la espiral del horror y el sufrimiento de la humanidad.




Nuestra alegría de creyentes no puede cimentarse en el mirar para otro lado; en fingir que no nos enteramos del llanto del hermano. El adorar al Dios-niño significa el meterse de lleno en el fango, en la miseria del mundo, porque allí es donde está Él, y allí  es donde, de verdad, podemos comprender la forma en la que Dios nos ama y salva… sólo desde ahí podemos transformarnos de verdad, acogerlo, ver la luz… en medio de la oscuridad más cerrada.



Nuestra alegría navideña no es sólo para que nos encerremos con los nuestros en una frágil burbujita de bienestar; es alegría que, como hicieron aquellos pastores, tiene que ser comunicada… es la alegría de una Buena Noticia proclamada para todos pero, especialmente, para los que peor lo están pasando…. Una buena nueva que, vivida con autenticidad, destruye por completo todo el montaje de poder,  injusticia y violencia en el que nos desenvolvemos.



Una alegría que no se puede proclamar desde lejos, que tenemos que vivir y contarnos unos a otros al oído, en un abrazo de fraternidad universal.


lunes, 26 de diciembre de 2011

25 de diciembre. NAVIDAD

Navidad me ha traído la posibilidad de pasar todo el día entero disfrutando de seres queridos, de mis padres, la familia, los niños, mi comunidad, los hermanos de la parroquia, los amigos… he saboreado hasta la cercana presencia de los que se supone que están lejos.



Incalculable el valor de todo lo vivido hoy, pero  tampoco he querido que los amores humanos eclipsaran al amor que es razón y fuente de todo y ahora, en la tranquilidad y el slencio de mi cuarto he rezado con el corazón rebosante de gratitud y admiración…





Cuando contemplo al niño que ha nacido, pequeño y en una cuadra,  me veo a mi mismo, al ser humano, en toda su fragilidad, su frío, su necesidad; pero se me impone también su belleza, su ternura, su valor y grandiosidad…

Se me hace difícil encontrar a todo un Dios en ese bebé llora y que tirita de frío; como también me cuesta a veces, advertirlo en la humanidad, en mi mismo…

Pero ahí está: desnudo, sonriéndome con los brazos abiertos, y sus ojos encendidos también me desnudan a mí de todas mis mentiras y me abren la vida de par en par.

En esa pobreza amante, Dios llega a lo más profundo de lo que soy; sin violencias, sin presiones, sin imposición.

Desde  el establo, me muestra quién es y lo puedo reconocer en un recién nacido y, así, yo también puedo hallarlo  en mí y yo reconocerme en Él.

Y por encima, la noche, la oscuridad rota por millones de estrellas de luz; el hielo que arde en el amor de unos padres; el anonimato que se pregona en el universo entero.

sábado, 24 de diciembre de 2011

24 de diciembre. FELICI-DAD

Todo el mundo se felicita hoy, pero no sé si saben por qué… si esas palabras significan algo más que un buen deseo, si conocen que están pronunciando una constatación de algo que no es que simplemente pasemos unos días contentos en los que tiremos la casa por la ventana y podamos disfrutar de los que tenemos.

Todo eso está muy bien, que se reúnan las familias, la fiesta, que se disfrute de esta noche que lo merece… que, por unos días tengamos más presente la generosidad, y el amor ya es mucho…pero es una pena quedarse sólo en eso, porque entonces, cuando nos falta alguien o existen necesidades, ¿se desvanece la felicidad?

La alegría que explota en la nochebuena no es precisamente un tener, no la disfrutaron los que estaban saciados ni los que estaban rodeados de seres queridos; sólo unos cuantos pastores, más allá del ruido, el consumo  y las luces,  pudieron escuchar el canto infinito “¡Gloria!” y en un rincón olvidado, oculto a la mayoría, encontraron a un crío, que es la fuente de la verdadera felicidad.



“El mundo entero, reunido en el hombre, se sirve de él como de un instrumento de voces múltiples, y, acompañándose de su canto, con este instrumento, que es el hombre, toca para Dios” Clemente de Alejandría.














Dios se hace hombre y, así, hace al hombre de su linaje; peregrinos, buscadores, valientes, confiados, rotos y perfectos, atentos y admirados, familia, apasionados, con los corazones llenos, las manos abiertas, pequeños pero únicos… la mayor obra de arte de la creación… reconciliados, eternos, capaces, con sentido…

Ya está completo nuestro Belén.

Hoy quiero desearnos  a todos ese encuentro, esa felicidad buena, que no se pasa en quince días… que nació hace más de dos mil años y se quedó con nosotros para siempre.

¡¡FELIZ Y SANTA NOCHE BUENA !!

23 de diciembre. ¡¡¡¡ ME HA TOCADO EL GORDO!!!!

Pues no me ha tocado ni un duro en la lotería, la verdad es que no jugaba casi nada,  así que no me puedo quejar.
He pasado u n día muy bonito, lleno de cosas bonitas y de mucha ternura. Siempre he sido muy llorica, lo admito, enseguida se me saltan las lágrimas; pero este año, me está pasando como a mi madre, que me emociono ¡hasta con el telediario!

La mayor parte de las cosas que integran la vida de un cura, y supongo que la de cualquier cristiano, pertenecen al ámbito de lo secreto. Por aquello de “que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha”, casi todo se queda escondido en el corazón… hoy pensaba que, tú no haces casi nada, porque todo lo bueno lo hace nuestro Dios (y esto no es falsa modestia, es algo que constato asombrado todos los días) y, sin embargo, así, poco a poco, casi sin enterarme, te vas llenando de todo lo que la gente te ofrece; amor,  esperanza,  fuerza,  paciencia…

El otro día leía que un estudio de una prestigiosa revista revelaba que el sacerdocio es la profesión (si es que se puede llamar así, que no lo creo) más feliz de la tierra. Lo presentaban como algo sorprendente aunque, para mí –como es lógico- no lo era en absoluto,  ¡ya lo sabía por experiencia! Sólo matizaría una cosilla; me atrevería a decir que cualquier persona puede acceder a la misma felicidad si vive, trabaja y es desde Dios.

¿Cómo no ser felices? Hombres y mujeres que, aunque encallecidas y embarradas,  tienen las manos vacías, el corazón millonario y los ojos fijos en lo imposible, que ya se ha hecho realidad.


viernes, 23 de diciembre de 2011

22 de diciembre. NACIDOS ANTES DE NACER

Hoy hemos celebrado el cumpleaños de la Orden, hacemos ya desde que el papa Honorio III promulgó la bula “religiosam vitam”  y, con ella, aprobaba nuestra vida.



Por esa razón, igual que lo han hecho en muchos lugares del mundo, los dominicos y dominicas de mi ciudad; frailes, monjas y laicos; nos hemos reunido para rezar, celebrar y darnos un abrazo.

Es sobrecogedor pensar que una parte fundamental de ti nació hace ya muchos siglos y en un lugar distinto; que en tu esencia hay algo que es universal y duradero, que seguirá completamente vivo cuando yo ya no esté; que eso te une en profundidad con muchos hombres y mujeres.

Vamos camino de los ocho siglos de antigüedad, pero esta tarde, se respiraba juventud y apasionamiento por todas partes: desde el joven que comienza su prenoviciado el año que viene, hasta la hermana mayor que participaba de todo como la que más, aunque no podía moverse de su silla.

Una historia larga, con sus meteduras de pata, claro, pero rebosante sobre todo de la luz y el fuego del evangelio.

Hoy somos nosotros los que tomamos el testigo, los que aceptamos el desafío, los que quermeos llevar la respuesta de Dios a todos las gentes del mundo actual.

Siendo hermanos, diferentes, con estilos de vida variados, pero unidos en una verdadera familia.




Esa familia es la que subo hoy al Belén, en ellos y con ellos, yo puedo ser dominico; sin ser y hacer familia, allá donde nos encontremos, en las circunstancias en las que estemos no podemos descubrir al Enmanuel.

Sin aceptarnos unos a otros con misericordia, sin perdonarnos, si no compartimos el dolor, no intentamos comprender y ponernos en el pellejo del otro, sin tender la mano, sin reírnos y disfrutar juntos… no nos podemos enterar de lo que es la navidad.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

21 de diciembre. MARAVILL-ARTE

Esta tarde, en la que todos estamos esperando que mañana nos toque el gordo de navidad en la lotería, a mí, sin esperarlo y de las formas más insospechadas, Dios me ha ofrecido un ramillete de milagros. No era un ramo de esos que tienen muchos lazos brillantes, y grandes hojas llamativas… al revés, era muy discretito, hecho con flores naturales, sembradas y cuidadas con mimo… más hermoso que ninguno.
Milagros de esos, de los que Dios riega continuamente nuestra tierra… sin muchos testigos, trucos de magia ni fuegos artificiales: cotidianos, humanos y libres.
No saldrá en ningún periódico aquél señor del que han sido expulsados todos los demonios que lo torturaban; ansiedades, cobardías y egoísmos que no le permitían disfrutar de la vida y del amor… tampoco esa parejita de ancianos que me han estado hablando de su heroico amor, que ha vencido a las guerras, al hambre y a la enfermedad y hoy estaba de aniversario, tan joven como cuando nació.
No hablaran en el telediario de la mujer que me ha sonreído en medio de su lucha por aceptar una verdadera tragedia; del que ha sido curado de  las heridas de su alma; ni de un joven fraile que, desde la cama de un hospital, no deja de luchar por la vida.
En los medios de comunicación no suelen salir los milagros, a no ser que vayan adornados con purpurinas y bengalas, pero el día a día de cualquiera, esta regado de esas increíbles victorias del Amor… la pena que no todos se dan cuenta; que normalmente no  lo notamos casi nadie…

Hoy pongo en el Belén esa capacidad de atender, descubrir y asombrarse con toda la maravilla que, cada uno, tiene a su alrededor; una actitud fundamental, para una “figurita” que, de verdad, quiera encontrar y acoger al niño que va a nacer.


martes, 20 de diciembre de 2011

20 de diciembre. GENTE ROTA

Al fin he terminado mis cursos en Salamanca… vuelvo satisfecho y contento, aunque, confieso, que también me da pena pensar que, por el momento, ya no visitaré semanalmente ese convento que tan bien me ha tratado durante estos meses.

Es lo que tiene la itinerancia: llegas a un lugar, conoces  a la gente, te encariñas, echas tus raíces y luego, debes marchar a otros sitios y personas. Es un servicio, lo haces por la vida, por amor… pero también se te parte un poquito el corazón.

Precisamente sobre eso trataba, entre otras cosas, la asignatura que hoy acababa, sobre la “Kénosis” de Cristo (un Dios que no hace alarde de su categoría divina, sino que por amor, se despoja de ella y se uno de los nuestros, aún más nuestro servidor). Un vaciamiento, una renuncia, un romperse, que también está presente Dios padre y  en toda la creación.

Hoy quiero poner en nuestro Belén a toda esa gente que se rompe, que se agrieta por amor, para dar vida; también a los que, sin quererlo, ha roto la dureza del camino… de eso que, a primera vista, puede parecer una desgracia, también puede brotar el sentido y la plenitud.

El arrancarse los fardos que nos parasitan, el anteponer al otro, la capacidad de optar desde la generosidad y el desinterés; el total abandono del orgullo, del rencor…indispensables para poder acoger al Amor que nace y llenarse de Él.






“Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo que llevaba sobre los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino que tenía que recorrer a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota solo tenía la mitad del agua.



Durante dos años esto fue así, desde luego, la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque solo podía hacer la mitad de su trabajo.



Así que la tinaja quebrada habló al aguador diciéndole: “Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas solo puedes entregar la mitad de mi carga y solo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.



El aguador apesadumbrado, le dijo compasivo: “Cuando regresemos a la casa quiero que te fijes en las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino”. Así lo hizo la tinaja, y vio muchísimas flores hermosas a lo largo del trayecto, ero de todos modos se sentía apenada porque al final, solo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.



El aguador le dijo entonces “¿Te diste cuenta de que las flores solo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos no hubiera sido posible crear esta belleza”.

lunes, 19 de diciembre de 2011

19 de diciembre. EL HIELO Y EL PASTOR

Se me ha ocurrido que, desde hoy y hasta el día 24, podría ir subiendo cada día el dibujo de un personaje del belén para que, el día de navidad ya lo tengamos montado del todo en la red y sirva de felicitación para todos los amigos y amigas de este blog.

Cuando venía de camino a Salamanca, en este último viaje, he pasado bastante miedo. La razón seguro que hace reír a quienes sean de climas fríos, pero es que uno es del sur, de una tierra más bien templada y no está acostumbrado a ciertas cosas que, en muchos lugares, son el pan nuestro de cada día..
He salido de casa con el termómetro marcando 14 grados centígrados y, conforme iban consumiéndose los kilómetros, aquello iba bajando...10º, 8º, 5º...
De repente, al alcanzar los 3º, el coche -que mira que saben ahora los coches ¿eh?- me ha puesto en la pantalla un aviso intermitente: ¡riesgo de hielo!
¿¡Riesgo de hielo?! ¡¡¡¿y ahora qué hay que hacer?!!! en ese mismo momento se me han aparecido dos frailes chiquititos que se me han montado uno en cada hombro.
Uno de ellos estaba muy pálido y encogido de miedo, de dudas, de no saber...; el otro no, ese iba de "enterao" y pasaba de todo. El primero me decía que eso debía ser peligroso, que me diese la vuelta o me parase, ¡que viniese un helicóptero a recogerme!; el segundo, con despreocupación, me animaba a que no hiciese caso a la advertencia, que siguiese adelante como siempre, como si no pasara nada... como parecía hacer el resto de los conductores.
Ninguno de mis dos "consejeros" me convencía, cuando la vida se ve asaltada por la noche y el frío, cuando aparece lo desconocido y el temor... no se puede uno parar, ni tampoco retroceder... no tiene sentido y además es imposible, porque nuestro viaje no se detiene jamás, aunque queramos; tampoco era lógico ignorar unas circunstancias que, aunque en un recorrido conocido, eran completamente nuevas para mí... eso sería una temeridad y una tremenda  falta de responsabilidad.
De manera que he apagado la radio, extremado la atención y reducido la velocidad; me he puesto a hacer lo mismo que hago siempre que me entra el vértigo o el susto: rezar, rezar y rezar...  así, despacito, pero con firmeza, he seguido adelante.
 El letrerito de marras ya no ha dejado de parpadear hasta que he llegado a mi destino, ya a bajo cero; los dos frailecillos tampoco han parado de discutir en mi cabeza... lo cuento medio en broma, porque sé que la cosa no era para tanto, pero debo admitir que sí he pasado bastante miedo y que he llegado a Salamanca con la tensión enganchada en el cuello y el estómago arrugado.

La experiencia me ha hecho dibujar a este pastor, caminando en medio de la noche, buscando el lugar donde nace la luz y el calor. En aquél tiempo, eran gente marginal, impuros por su profesión... a ellos, el relato evangélico los coloca como los primeros en acoger el nacimiento de Jesús. Envueltos en el frío de la soledad y el aislamiento; en medio de la noche de la pobreza y la injusticia; también ellos se asustaron ante un anuncio, ante la más grande novedad de la historia... y, en lugar de huir de aquello o de ignorarlo, se levantaron del letargo y se pusieron en camino, se hicieron buscadores primero; testigos y predicación después.

18 de diciembre. LAS HOJAS QUE ÉL ARROJÓ...

Quinientos años del sermón que Montesinos, en nombre de su comunidad, lanzaba un cuarto domingo de adviento; cinco siglos en los que aún suenan con fuerza esas palabras valientes que transformaron el mundo.

Esta noche continúo rezando por mi hermano, y rogando que quien pueda leerme, también lo tenga presente en su oración; parece que hoy la cosa empieza a pintar un poco mejor, así que es momento de intensificarla.



Junto a eso, a lo largo del día, han ido desfilando ante mis ojos realidades tremendas; situaciones de mucho dolor, casi todas ellas llevadas a cabo  con una impresionante dignidad.



Puede ser que por la sensibilidad desde la que estoy viviendo estas horas, no he podido evitar el pensamiento de lo patéticas que son las cosas por las que nos solemos amargar o preocupar habitualmente. Es verdad que, para cada uno, sus problemas son los peores, los más graves; aunque por detrás pueda haber una cantidad innumerable de gente que tenga verdaderas razones para sufrir, que lo pasa infinitamente peor que nosotros… eso no consuela, y seguramente sea verdad: el simple conocimiento o la reflexión de que existan dolores y dificultades más grandes que las nuestras, no nos sirve de gran cosa… si sólo nos quedamos en eso, en mirar de reojo, pero seguimos encerrados en “lo que a mí o a los míos les pasa”, nos sumergimos en una espiral interminable que, en lugar de solucionar nada, lo acrecienta cada vez más.



Muy diferente es lo que ocurre si, además de ver y saber, nos implicamos en los padecimientos del otro: no sólo participamos en aplacar su dolor, en nosotros también se da una transformación. Un encuentro que no puede buscarse interesadamente, porque tampoco nos serviría de mucho, sino movidos por lo que, de verdad, nos dicta el corazón por debajo de todo el egoísmo e inseguridad que le echamos encima.



Al “padecer con” nos encontramos con un hermano y, en ese encuentro, se revela la propia verdad, la humanidad de la que no somos conscientes; sale a la luz toda la riqueza de las personas; podemos empezar a ver en su justa medida las cosas; a valorar lo que, de verdad, importa; a priorizar lo bueno que tenemos; a reconocer la poca trascendencia de muchos de nuestros quebraderos de cabeza.




Es lo que hicieron aquellos frailes en América. Todos seríamos mucho más felices, no habría amores que se apagan, tendríamos más paz y justicia, seríamos evangelio puro, si fuésemos capaces de hacerlo.



“el que busca su vida, la pierde; el que la da, la encuentra”

domingo, 18 de diciembre de 2011

17 de diciembre. FIESTA Y LLANTO

Jornada complicada, sufriendo y rezando por un hermano que está muy malito al que quiero y debo mucho… pero es una situación que coincidía con la fiesta grande de la parroquia; el día en que anualmente nos reunimos todos los grupos y miembros de la comunidad para celebrar la fraternidad.
 De nuevo la alegría viene de la mano de la preocupación y el dolor… las dos caras de una misma cosa, el amor fraterno.

A lo largo de la mañana y la tarde, he compartido la inquietud y la oración con otros muchos hermanos y hermanas que, desde diferentes lugares, queremos al fraile enfermo y estamos con él con toda el alma.  Cuando se acercaba la hora de la reunión, pensaba en lo poco preparado que me sentía para vestirme con una sonrisa; quería darlo todo para que todos disfrutaran de la ocasión como se merecen todas esas personas queridas que, día a día, hacen y son parroquia… pero tenía el corazón lleno de lágrimas…

Me he impuesto la alegría como parte de mi vocación, como un servicio… pero sólo al principio; en cuanto han empezado a llegar los matrimonios, los mayores, los jóvenes, catequistas, niños… con cada abrazo que me daban, lo que comenzaba siendo un barniz, iba calando en mi interior; me iluminaba por dentro. Creo que todos lo hemos pasado bien y hemos gozado de un rato muy bonito.

Ahora, en la soledad de mi cuarto, sigo rezando, esperando un milagro; la generosidad extrema de alguien que permita que, un buen fraile, siga siendo palabra predicada para todos… pero ya de otra forma, más serena, más confiada y coherente. Ese no entender; ese algo que se rebela en ti ante lo que parece tan injusto; ese dolor tan vacío, la impotencia que uno no puede evitar sentir en un primer momento, ahora ya no están; se han llenado de Dios…lo han llenado de Dios mis hermanos a base de amor… en ese amor, en esa alegría que la limitación no puede acotar, Dios cuida de mí, del hermano que lucha en un hospital, de todos nosotros… siempre.


sábado, 17 de diciembre de 2011

16 de diciembre. ¿DÓNDE ME HAS DEJADO EL VALOR?

Esta tarde hemos terminado el triduo, hemos seguido dándole vueltas al sermón de Montesinos… por si eso fuese poco, después hemos tenido reunión de matrimonios y el evangelio, que el tema de hoy nos proponía, era este:

Mucha gente acompañaba a Jesús; Él se volvió y les dijo: “Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?

No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío. (Lc. 14, 25-33)

Está muy claro el desafío profético y transformador que, inevitablemente, va asociado a la fidelidad al evangelio; pero esa vocación nos incomoda… nos asusta la cruz. Tampoco fue sencillo a para Montesinos. Aquel  sermón fue el cimiento sobre el que se han construido los derechos de la persona; algunos de los que lo escucharon, como el también Sevillano Bartolomé de las casas, se convirtieron…pero la mayoría no… fueron tremendas las protestas y las presiones que surgieron de aquellas palabras, porque a nadie le gusta sentirse delatado, denunciado en su injusticia.

¿Cómo pudo tener él aquél valor? ¿Cómo podemos tenerlo nosotros a la hora de asumir esa misión profética?

Cuando los dirigentes de aquella primitiva colonia acudieron a Fray Pedro de Córdoba, para darle sus quejas y exigir el castigo que merecía el atrevimiento de Fray Antonio, el prior les respondió:

“Señores, es cierto que fue fray Montesinos el que predicó esta mañana, pero deben saber que lo que ha predicado este padre es del parecer, voluntad y consentimiento de toda la comunidad; después de considerarlo y reflexionarlo entre todos, con mucho consejo y madura deliberación, determinamos predicarlo porque creemos que es Evangelio puro, y debe ser predicado para salvación de los españoles y de todos los indios de esta isla. Hemos hecho profesión  primero como bautizados y luego como frailes predicadores de la verdad”

En las palabras de fray Pedro encontramos la respuesta por la que antes nos preguntábamos… en comunidad se comparte la fe y se ora la predicación; en comunidad es como se busca la verdad y se analiza la realidad… es en la comunidad convocada en torno al señor, donde se vencen los miedos y se asumen las consecuencias que pueda suponer la fidelidad al evangelio.




Seguro que todos anhelamos la venida del  Reino de Dios, todos hemos soñado muchas veces con un mundo diferente, puede que hasta muchos de nosotros,  tratando de luchar por la justicia de Dios  nos hayamos dado grandes batacazos y hayamos chocado repetidamente contra el muro de la realidad… puede que, al final nos hayamos decepcionado, hayamos acabado asumiendo que las cosas son como son…que nos hayamos conformado con poco… puede que la razón de nuestro desánimo, sea que no tenemos una realidad comunitaria fuerte… que tenemos muy abandonada esa dimensión básica de nuestra fe.



Nuestra vocación profética en el mundo de hoy parte de la construcción de comunidad. Implicándonos, aceptando, comprometiendo todo lo que somos… es un primer paso cercano, un primer gesto de conversión a nuestro alcance.

Un gesto que nos convierte a nosotros pero también a la Iglesia entera. 

Esta noche, lo que nos dice aquél sermón de hace 500 años es que sí es posible la transformación de nuestra sociedad, que es posible ser Iglesia, es posible para mí, para ustedes… nos lo pide nuestro Dios: que seamos Iglesia nueva, viva, alegre y profética.

viernes, 16 de diciembre de 2011

15 de diciembre. EVANGELIO DE ADVIENTO

Hoy me ha tocado predicar en el triduo de preparación a la navidad; este año nos estamos guiando por un acontecimiento del que celebramos el quinto centenario: el sermón de Montesinos.

Hace quinientos años, en la isla de la Española,  las primeras tierras colonizadas en América, los encomenderos y las gentes que habían ido al nuevo mundo, se reunían en un cuarto domingo de adviento. Acudían a la celebración en el primer convento  (si es que se  podía llamar así a aquella “casa pajiza” en la que vivían) de los dominicos en América.

Supongo que allí habría de todo, muchos que irían por cumplir el precepto; los que ponían el “piloto automático”; otros que buscaban una sincera celebración de la fe...

No sé si aquellas personas eran conscientes,  del modo en que explotaban, oprimían y acababan con los indígenas del lugar… puede que no, que simplemente hicieran lo que todo el mundo, que hubiesen aceptado, sin preguntarse nada, aquella situación como algo que es así y no puede cambiarse… unas circunstancias gracias a las que, la verdad, todos ellos  se estaban enriqueciendo. De cualquier forma, aquella cómoda insensibilidad  se iba a terminar pronto; llegaba el momento de la homilía y resonaron  con fuerza las palabras de un fraile, Fray Antonio de Montesinos….

Para daros a conocer estas verdades me he subido aquí yo, que soy la voz de Cristo en el desierto de esta isla. Y, por tanto, conviene que con atención no cualquiera, sino con todo vuestro corazón y con todos vuestros sentidos, la oigáis; la cual voz os será la más nueva que nunca oísteis, la más áspera y dura y espantable y peligrosa que jamás no pensasteis oír.



Esta voz os dice que todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes.



Decid: ¿Con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes, que estaban en sus tierras mansas y pacíficas donde tan infinitas de ellas, con muerte y estragos nunca oídos habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades en que, de los excesivos trabajos que les dais, incurren y se os mueren y, por mejor decir, los matáis por sacar y adquirir oro cada día? Y ¿qué cuidado tenéis de quien los adoctrine y que conozcan a su Dios y creador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos?



¿Éstos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No estáis obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened por cierto que en el estado en que estáis no os podéis más salvar que los que carecen y no quieren la fe de Jesucristo.




Estas palabras de ayer, hoy siguen repletas de  actualidad; quinientos años después la mayor parte de la humanidad sigue explotada, muriendo y sufriendo injusticia para que nuestra sociedad del bienestar pueda mantenerse. Hoy, el grito de los que sufren, sigue clamando a Dios, un Dios que toma partido por ellos, que va a nacer en la miseria, en lo olvidado, siendo uno de ellos… el Dios que esperamos, el que nos preparamos para acoger.

Si en aquel entonces fue inaudito lo que se proclamó en aquel sermón, si aquellas palabras de denuncia fueron el germen de importantes avances para la humanidad; hoy también es posible  despertar, romper las redes en las que estamos envueltos y clamar con fuerza por la justicia, la libertad y la dignidad de todo ser humano; de la creación entera.

jueves, 15 de diciembre de 2011

14 de diciembre. EL SOBRE QUE NOS CAMBIA Y TRAE LA VIDA

Es extraordinaria esta vida, que aunque pasan los años, no deja nunca de ofrecerte la posibilidad de descubrir en tu interior, de despertarte nuevos sentimientos, de rescatar tierras vírgenes de la inconsciencia.
Eso me ocurrió hace unos días (hasta hoy no he tenido permiso oficial para contarlo) cuando mi hermana y mi cuñado me regalaban un sobre de color verde. En su interior una notita: “Si Dios quiere, vas a ser tito”.

¿Estábamos embarazados? ¡Estábamos embarazados!

No sé si será cosa exclusivamente mía o algo común a todos los que somos célibes pero, ¡no sabe nadie las ganas que tenía de tener un sobrino! Lo mucho que lo deseaba, lo que había esperado ese momento, lo que he rezado… imagino que será lo más parecido a la paternidad que puedo experimentar… y ahí estaba aquel papelito, aparentemente sin valor, que me decía que el momento estaba cercano y, con esa noticia se convertía en uno de mis más valiosos tesoros.

Miraba a mi hermana, y me emocionaba reconociendo; en el chisporroteo de los ojos de aquella mujer guapísima, preñada de vida y esperanza; a la alegre niña de las coletas y los dientes separados que siempre será para mí.

Los futuros abuelos, mis padres, debían estar pensando algo parecido, porque sus rostros eran una curiosa mezcla de emoción e incredulidad.

Mi hermano pequeño se cubrió con esa risilla con la que, en vano, intenta esconder las lágrimas de  emoción y, orgulloso, saboreaba el momento con su mujer, acariciando posibilidades y tejiendo ilusiones.

Mi cuñado, con su sonrisa abierta, contemplaba feliz toda la escena;  medio asustado  de felicidad ante la oportunidad de volver a empezar.

Desde entonces, no me ha abandonado esa extraña sensación que mezcla el  vértigo con la impaciencia; el pasmo, con el dinamismo de la ilusión desbordada;  la novedad, con la responsabilidad; lo que habrá de cambiar, con lo que siempre hemos sido; un lanzamiento al futuro, con el recuerdo y nuestra historia… la misma vida supongo; que nace, se renueva y se abre paso siempre… a toda costa; bendición, raíz y fruto;  que  pasa, corre y tiene sentido… que, a pesar de todo, siempre está abierta a la alegría.

Desnudo todas esas sensaciones personales porque estamos en adviento, porque la tarjetita del sobre verde se parece mucho al anuncio del ángel, porque este año, comprendo mejor que nunca lo que este tiempo significa.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

13 de diciembre. ¿ENVIDIA DE LAS VACAS?

Siempre que recorro la carretera que va de Salamanca a Sevilla, me llaman mucho la atención las vacas que veo recostadas en las dehesas.

Cuando las veo ahí tumbadas, mirándome con esa cara impasible y tan a gusto me asalta un sentimiento de envidia… se me ocurre que ellas no tienen que preocuparse de cuántos kilómetros faltan,  ni de los problemas o el trabajo que esperan en el destino; ni de cuándo podrán leerse el texto que les encargan semanalmente.. nada, están ahí retozando sin importarles ni el frio ni el calor; viendo a los coches circular de un sitio a otro.



Toda esa envidia que me estaban dando las vacas en aquél momento se ha disipado de golpe en cuanto he caído en la cuenta de que conozco a algunas personas que son como esas vacas… que pasan la vida mirando a los demás, tumbados dejando que los días pasen, sin esperar nada, sin buscar, dejándose hacer… poniendo la propia responsabilidad en otras manos o permitiendo que sea el tiempo el que tome las opciones en nuestro lugar.

Hoy está muy de moda eso de dejar que otros piensen y decidan por uno; incluso dentro de la Iglesia tienen mucho éxito los ámbitos en los que todo está previamente marcado. Lo de ser “ganado” puede ser más fácil y cómodo, aparentemente más atractivo, pero es perderse la existencia, a Dios y a uno mismo.

Porque la esencia de lo que somos, de esta vida y del Evangelio no está en mirar apaciblemente  desde nuestro prado, sino en ponerse a caminar: buscar, atender a las señales, avanzar, crecer, decidir, cansarse, arriesgar, confiar y, por supuesto, equivocarse también.



El Señor viene a nosotros, sólo hay una forma de hacer que eso sea posible… ponerse en pie y, como peregrinos que somos,  salir también a su encuentro.