viernes, 3 de junio de 2011

3 de junio. ¿TIENES SED?

Esta noche, comparto este dibujo de manos abiertas. No sé por qué las personas nos empeñamos en cerrarlas, ante lo bueno de la vida, ante el amor, ante Dios...
Supongo que cuando lo hacemos pensamos que conseguimos más seguridad, que nos aferramos, que retenemos lo que nos importa... pero es mentira. Cuando apretamos los puños no dejamos espacio para nada en su interior y aquello que pretendíamos atrapar se nos escapa irremediablemente entre los dedos y, al final, con ellos sólo podemos golpear y hacer daño a los otros y a nosotros mismos.
Cerramos los puños cuando el egoismo se apodera de nosotros y somos incapaces de ver más allá de nuestro propio ombligo, de las perspectivas personales, de nuestras pasiones o dolor; cuando creemos que únicamente son validas nuestras convicciones y experiencias y descalificamos las de los demás; cuando nos creemos la falsedad de que conocemos por completo a otra persona o a Dios; cuando dejamos de vivirnos mutuamente como un regalo inmerecido, si perdemos la capacidad de sorprendernos por la vida...por Dios.
Me duele y me ofende profundamente el encontrarme con gente que, por avanzar unos y conservar otros, cree que es fiel al evangelio cuando generan hostilidades y ofensas a quienes no piensan como ellos, personas que tienen los puños apretados y en tensión.
Hay un cuento que me gusta mucho y me resulta muy inspirador a la hora de ser Iglesia. Habla de una caravana de camellos en el desierto; unos van sedientos y otros saciados por lo que los primeros quieren ir más deprisa y los otros más lentamente. El autor (que no sé quién es) decía que sólo manteniéndose la caravana unida podría alcanzar el pozo que les mantenga vivos en ese desierto. Si se siguiese el ritmo de los sedientos, morirían agotados por el sobre esfuerzo ejercido antes de alcanzar el oasis. De la misma forma, si la marcha se detuviese en función de los saciados, cuando llegase la necesidad del agua, les sorprendería a demasiada distancia de la fuente como para alcanzarla antes de que fuese demasiado tarde. La única solución pues es mantenerse en esa tensión entre todos, entre los que priorizan la fidelidad a la tradición y los que necesitan y buscan novedad, respuestas acordes al presente y al futuro.
Seguramente, esa tensión es en la que debemos empeñarnos los creyentes; en vivirla desde la unidad, con diálogo y respeto. Pretender conducir el rumbo de la Iglesia es algo que no nos corresponde, que es cosa del Espíritu; de un Espíritu que sopla en todos, en los sedientos y en los saciados.
Así que debe ser cosa de abrir las manos.


El otro día leía un texto que decía que cuando sumergimos las manos abiertas en el mar, en ese instante está entre ellas el oceano entero; que así, con las manos abiertas, es como podemos acariciar el viento, el sol, la tierra... el amor, la fraternidad y a Dios.
En esta tierra, en esta Iglesia nuestra, hay mucho por hacer y cambiar, desde luego, pero nuestro trabajo por la justicia, por la paz y el Reino SIEMPRE debe hacerse así, con las manos abiertas. Mejor para uno mismo, mejor así para todos.

1 comentario:

  1. Querido amigo.
    No me dejo de sorprender cada día de tu don en la expresión gráfica... Suelo participar de tus reflexiones que explican el sentido de tus pinturas. Sin embargo no dejo de darme cuenta de que a cada interpretación puede sucederse otra espejo de la primera. Por ejemplo, en este caso: abrir las manos también es símbolo de expresar con libertad ante el hermano y apretar el puño es un gesto que acompaña al callarte tus sentimientos y razones para no herir a nadie y acabar hiriéndote a tí mismo. El puño apretado por no expresar cierra la oportunidad al diálogo y la apertura de manos en el abrirse a los demás abre un mundo de posibilidades si el otro respeta la intención... Los psicólogos nos invitan a expresar sentimientos en familia y a escucharlos sin juicio alguno, pues los sentimientos no pueden juzgarse.. pero en su expresión podemos encontrar la vía del diálogo que en definitiva es de donde puede surgir la construcción común.
    En fin. Gracias por tus reflexiones

    ResponderEliminar