domingo, 5 de junio de 2011

4 de junio. ¿QUÉ SERÁ, SERÁ?

Acabo de volver a mi cuarto ahora mismo después de una jornada que, de nuevo, me da mucho que pensar y rezar…en la vida, en el pasado, el presente y el futuro…
En una celebración de antiguos alumnos a la que he ido a celebrar la eucaristía, se me regalaba la oportunidad de ser parte de una mañana en la que un grupo de personas compartían lo vivido en otros tiempos, con emoción recordaban a los que ya no estaban y disfrutaban de los buenos momentos pasados en el colegio.
Yo soy muy dado a la nostalgia, me gusta mucho rescatar el ayer, saborear lo vivido, lo sentido y lo disfrutado… pero no para refugiarme en aquello de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”; todo lo contrario.
Me gusta volver al pasado porque eso me ayuda a disfrutar del presente, de cómo he cambiado; que ahora soy menos tonto de lo que fui; de las ataduras que se han roto; las cosas que he aprendido y descubierto…del hombre en el que aquél chavalín se ha convertido… no olvidar quién soy.
Desde ahí se puede vivir la sencillez de reconocer que casi todo ha sido don;   la gratitud por todas las personas y lugares que han ido haciendo posible mi vida, mi crecimiento.
Así además recupero desde perspectivas siempre nuevas mi experiencia de Dios, su huella y acción en mi historia; puedo entender lo que en su momento no tenía explicación o admirarme con su misterio y la perenne grandeza de su amor… un amor que tampoco me dejará solo mañana…

Sumergirse en la propia historia es un ejercicio muy saludable, también lo practicaba el pueblo de Israel y eso fue un elemento esencial en su relación con el Padre. Para ellos no era posible ver el rostro de Dios, como que no se le puede ver venir, únicamente reconocemos su espalda, sus pasos, en las circunstancias y momentos por los que Él ya ha pasado. No podemos hacernos conscientes ni comprender la acción de Dios en el instante en que actúa y mucho menos antes…sólo podemos verlo en el camino ya recorrido, volviendo la vista atrás…
Yo necesito, de vez en cuando este volver atrás, al origen, para que no dejen de brillar en mi horizonte el amor de mi Dios, la ilusión, la esperanza, los proyectos… los sueños que tuve, que siguen estando aquí sólo que ahora ya no son los míos sino los del Padre-Madre de todos.
En una película que me gusta dicen que “si abandonas tus sueños, entonces mueres”, recordar para mí, es un impulso hacia el porvenir, la forma de abrirme al futuro con todas las ganas y toda mi pasión… ¡de estar vivo viviendo en Dios!

2 comentarios:

  1. Gracias hermano!!
    No había pensado que era bueno recordar el pasado.
    ahora creo, que no sólo es bueno recordar los momentos agradables... los duros, los difíciles, son los que: 'a toro pasado' te hacen comprender lo que hemos aprendido, y el beneficio obtenido.
    Y... cómo ese Padre-Madre ha estado en todo momento cuidando amorosamente de nosotros.

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  2. Mirar para atrás también nos ayuda a darnos cuenta de las nuevas ataduras que hemos ido adquiriendo. Nos ayuda a volver a ser fieles a ideales que poco a poco han podido ir diluyéndose... A revisar nuestro presente.
    Gracias

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