domingo, 20 de mayo de 2012

19 de mayo. EL VASO NUEVO


He vivido un día diferente, muy distinto a los que suelo vivir y realmente precioso.
Horas en las que he disfrutado de las heridas sanadas; de pasados que pasaron y de promesas de paz para el mañana.
Nos cuesta mucho salir de nuestra inmediatez; escapar de esos árboles del presente que nos impiden ver más allá, ampliar horizontes; entender la vida tal cual es.
Así nos aferramos a fugacidades, intentando retener lo que necesariamente se acabará; o nos anclamos en rencores que nos ahogan el corazón, alimentándolos sin cesar, pretendiendo que sigan vivos lo que ya son y deben ser cadáveres.
Y no voy a negar que hay sentimientos y vivencias que no quisiéramos perder y otros que parece que nunca pasarán, que no podremos superarlos jamás…
Pero todos sabemos, porque lo hemos vivido, que eso no es así, que mientras permanezcamos abiertos y con buena voluntad, todas las llagas se acaban cerrando, las buenas experiencias permanecen de una forma o de otra y siempre vendrán nuevas sorpresas que disfrutar.
El perdón, la generosidad, la paz, el exponerse a vivir, ¡Dios! … ahí está la montaña desde la que podemos obtener la mejor perspectiva, una visión completa de cómo es la vida, de quienes somos los seres humanos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario